Sagrada Escritura
Pedro no comprendía por qué su Señor se arrodillaba ante él. Jesús no le exigió entenderlo todo antes de dejarse amar.
La cena había comenzado bajo la sombra de una despedida que los discípulos todavía no alcanzaban a comprender. Jesús sabía que había llegado su hora y, después de amar a los suyos durante el camino compartido, quiso mostrarles hasta dónde llegaba ese amor. Se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y echó agua en una jofaina. El Maestro ocupó el lugar del servidor y comenzó a lavar los pies de sus discípulos.
Cuando llegó a Pedro, el gesto le resultó insoportable. Su resistencia no nacía de la indiferencia, sino de una idea de Dios que aún tenía que ser purificada: ¿cómo permitir que el Señor se inclinara ante él? Pedro quería defender la grandeza de Jesús y, sin advertirlo, se defendía también de recibir un amor que se abaja. Entonces escuchó la frase que guía esta colección: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Jesús no estaba prometiendo que Pedro entendería enseguida cada dolor futuro. Le estaba introduciendo en el misterio de su Pascua y en la forma cristiana de la autoridad: amar hasta el extremo, dejarse servir por Cristo y aprender a servir como Él. Benedicto XVI explicó que Pedro debía descubrir una grandeza de Dios distinta de la grandeza humana, hecha de humildad, servicio y amor que se entrega.
Pedro pasó en pocos instantes de negarse por completo a pedir manos y cabeza. Seguía sin abarcar el significado del gesto, pero aceptó permanecer con Jesús. A veces la fe comienza precisamente ahí: no en poseer una explicación, sino en dejar que Cristo se acerque a la parte de nosotros que preferiríamos ocultar o controlar. Más tarde, a la luz de la cruz y de la resurrección, Pedro comprendería mejor que el Señor no salva desde lejos. Se arrodilla, toca nuestra fragilidad y nos enseña un camino que solo se conoce recorriéndolo.
01
Lo que parecía
Que Jesús estaba invirtiendo indebidamente los papeles y que Pedro debía impedirlo.
02
Lo que descubrimos
La grandeza de Cristo se revela en el amor humilde que sirve. Comprender comienza por dejarnos alcanzar por Él.
03
Para tu vida
Quizá hoy no entiendas lo que Dios está haciendo. No conviertas esa oscuridad en una explicación inventada. Puedes decirle con sinceridad lo que te desconcierta y, al mismo tiempo, permitir que te sostenga y te enseñe a amar en lo concreto.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, cuando no comprenda tus caminos, líbrame de cerrar el corazón. Déjame recibir tu amor humilde y enséñame a servir como Tú. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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