Vida de un santo
Deseaba seguir sirviendo en la pequeña parroquia rural de Pentidattilo. Cuando fue destinado a una gran parroquia de Reggio Calabria, no convirtió el tamaño del nuevo encargo en una medida de su importancia.
Cayetano Catanoso nació en Chorio di San Lorenzo, Calabria, en 1879, dentro de una familia de agricultores. Fue ordenado sacerdote en 1902 y dos años después llegó como párroco a Pentidattilo, una pequeña aldea del Aspromonte marcada por la pobreza, el analfabetismo, el aislamiento y distintas formas de abuso de poder.
Allí compartió durante diecisiete años las dificultades de la población. Visitaba enfermos y familias necesitadas, colaboraba con los sacerdotes de localidades cercanas y abrió una escuela vespertina gratuita para jóvenes que no podían asistir a la escuela pública. La gente comenzó a llamarlo sencillamente «padre». Él deseaba continuar en aquella parroquia rural.
En 1921 fue trasladado a Santa María de la Candelaria, una gran parroquia de Reggio Calabria. Cambiaban el tamaño, el ritmo y las necesidades. La biografía oficial subraya que supo servir en realidades parroquiales muy distintas y que el nuevo nombramiento no lo volvió engreído. Tampoco trató Pentidattilo como una etapa menor que por fin había superado.
En la ciudad multiplicó la catequesis, la asistencia a pobres, enfermos, presos y personas amenazadas por asociaciones criminales. También acompañó a seminaristas y sacerdotes aislados y promovió nuevas formas de cooperación pastoral. La experiencia de la aldea no desapareció: siguió orientando su atención hacia quienes quedaban lejos de los recursos ordinarios.
Esto no significa que todos los traslados sean acertados, que no produzcan duelo o que una persona deba aceptar sin discernimiento cualquier cambio laboral. En la Iglesia existen cauces para expresar límites y dificultades. La enseñanza es más concreta: un destino con más gente, visibilidad o responsabilidades no convierte el servicio anterior en un simple ensayo ni hace más valiosas a las personas del lugar nuevo.
Quizá te han trasladado, ascendido o confiado algo más visible. No utilices el nuevo tamaño para reescribir con desprecio lo que aprendiste antes. Pregunta qué rostros, hábitos de cercanía y límites debes conservar. Y si el cambio te duele, tampoco necesitas fingir entusiasmo para servir bien. Un lugar más grande no te hace más importante; solo cambia la forma concreta de la responsabilidad que ahora tienes delante.
01
Lo que parecía
Que dejar la aldea que deseaba servir por una parroquia urbana mayor podía convertir el cambio en una promoción personal o volver secundaria la etapa anterior.
02
Lo que descubrimos
Que dos lugares muy distintos podían recibir la misma entrega, y que la mayor visibilidad del segundo no hacía menos valiosas a las personas del primero.
03
Para tu vida
Si recibo una responsabilidad mayor o más visible, no despreciaré lo anterior ni mediré mi valor por el tamaño del encargo. Conservaré la cercanía aprendida y serviré las necesidades reales del lugar nuevo.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Cayetano Catanoso, concede humildad y libertad a quienes cambian de destino. Que no midan su valor por el tamaño del encargo, conserven la cercanía aprendida y reconozcan tu rostro en cada persona confiada a su cuidado. Santa María, Madre del Buen Pastor, condúcenos siempre a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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