Vida de un santo
La exclaustración de 1835 lo obligó a abandonar el convento, y durante su vida no volvió a abrirse otro de frailes dominicos en aquella provincia. Su vocación aprendió a vivir fuera de sus muros.
Francisco Coll y Guitart nació en Gombrèn, Girona, en 1812. Entró en el convento dominico de Girona en 1830 y profesó al año siguiente. Se preparaba para el sacerdocio y para una vida estable dentro de la Orden de Predicadores. En agosto de 1835, las leyes de exclaustración obligaron a los religiosos a abandonar el convento.
Francisco salió sin haber sido todavía ordenado. Durante el resto de su vida no pudo reabrirse un convento de frailes dominicos en la provincia religiosa a la que pertenecía. No fue una pausa de pocas semanas. La estructura cotidiana donde había aprendido a rezar, estudiar y servir dejó de existir para él de manera estable.
No convirtió aquella expulsión en autorización para actuar solo. Con el consentimiento de sus superiores ofreció su servicio al obispo de Vic y fue ordenado sacerdote en Solsona en 1836. Ejerció el ministerio parroquial y comenzó una intensa labor de predicación por pueblos y ciudades, siempre unido a su identidad dominicana aunque no pudiera vivir dentro de un convento de la Orden.
El Dicasterio resume aquella respuesta con una expresión significativa: su celo apostólico lo salvó de la inercia de la exclaustración. Francisco recorrió Cataluña predicando misiones populares y difundiendo el Rosario. En 1856 fundó las Dominicas de la Anunciata para la educación cristiana de las niñas, especialmente en localidades necesitadas.
En los últimos años sufrió una pérdida progresiva de la vista y otros problemas de salud. Murió en Vic en 1875 y Benedicto XVI lo canonizó en 2009. La historia no necesita fingir que recuperó el convento perdido. No lo recuperó. Su fidelidad consistió en encontrar una forma eclesial y responsable de seguir siendo dominico fuera de aquellos muros.
Que desaparezca la estructura donde vivías una llamada no significa que la llamada haya desaparecido. Puede haberse cerrado una casa, terminado un puesto o deshecho un modo de vida que amabas. Antes de declarar que todo acabó, pregunta qué parte profunda de aquella vocación todavía puede hacerse servicio, comunión y entrega en las circunstancias nuevas.
01
Lo que parecía
Que la expulsión del convento y la imposibilidad de volver a una comunidad dominicana habían deshecho la vocación que acababa de profesar.
02
Lo que descubrimos
Que siguió siendo dominico en comunión con sus superiores, predicó durante décadas y abrió una nueva obra educativa sin recuperar el convento perdido.
03
Para tu vida
Si desaparece la estructura donde vivía mi llamada, distinguiré entre lo que realmente ha terminado y lo que todavía puede continuar. Buscaré cómo servir en comunión sin convertir la pérdida en inmovilidad.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Francisco Coll, sostén a quienes han perdido la casa, la comunidad o la estructura donde vivían su vocación. Guárdalos de la amargura y de la inercia, y abre caminos de servicio fiel. Santa María del Rosario, intercede por ellos y condúcelos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
Guardado anónimo y local: no se crea una cuenta ni se envía este dato al servidor.
