Vida de un santo
Un galeón naufragó cuando viajaba hacia Perú. Algunos alcanzaron tierra en un bote; Francisco permaneció sobre los restos con quienes todavía no habían podido salir y fue el último en subir cuando regresaron a buscarlos.
Francisco Solano nació en Montilla, Córdoba, en 1549. Ingresó en los franciscanos, fue ordenado sacerdote y ejerció como formador y predicador. Durante una epidemia en Montoro se ofreció para asistir a los enfermos. En 1589 partió como misionero hacia América y emprendió desde Panamá la navegación por el Pacífico rumbo a Perú.
El galeón en el que viajaba naufragó cerca de la isla Gorgona. Algunos pasajeros y tripulantes lograron alcanzar tierra en un bote. Francisco permaneció sereno sobre los restos flotantes con otros náufragos, los animó y los asistió. La fuente franciscana precisa que, cuando el bote regresó, él fue el último en acogerse a la evacuación.
Entre las personas que viajaban en el barco había hombres sometidos a esclavitud. La Orden Franciscana recuerda que Francisco actuó como padre y protector de aquella comunidad desesperada. No debemos embellecer la esclavitud ni suponer detalles que las fuentes no ofrecen sobre quién pudo entrar en el primer bote. Basta un hecho exigente: habiendo una salida, no abandonó a quienes seguían expuestos.
La llegada a tierra tampoco resolvió inmediatamente la crisis. Los supervivientes pasaron más de dos meses en la costa, con muy pocos recursos, hasta que apareció otro barco. Francisco compartió cuanto encontraba, cuidó a los que sufrían y sostuvo el ánimo del grupo. Los relatos añaden elementos extraordinarios, pero esta ficha no los necesita ni los usa para explicar la supervivencia.
Después llegó a Lima y recorrió miles de kilómetros hasta Tucumán. Desarrolló una larga misión en territorios que hoy pertenecen a varios países sudamericanos. Murió en Lima en 1610 y fue canonizado por Benedicto XIII en 1726. El naufragio no fue la misión que había buscado, pero dentro de él aparecieron personas a las que no quiso tratar como un obstáculo para salvarse.
En una emergencia, tener una salida no vuelve invisibles a quienes siguen atrapados. Hay momentos en los que debes ponerte a salvo para poder ayudar, y nadie está obligado a una imprudencia temeraria. Pero la pregunta de Francisco permanece: cuando aparezca tu bote, ¿recordarás a quienes no han podido subir o llamarás salvación a marcharte sin volver la mirada?
01
Lo que parecía
Que alcanzar el bote y ponerse a salvo era el único asunto importante después del naufragio.
02
Lo que descubrimos
Que permaneció con quienes seguían sobre los restos, los sostuvo y fue el último en subir cuando el bote regresó.
03
Para tu vida
Ante una crisis buscaré una salida segura sin volver invisibles a quienes no pueden usarla. Preguntaré quién sigue atrapado, qué ayuda prudente puedo prestar y cómo evitar que mi propia salvación termine en abandono.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Francisco Solano, protege a quienes viven naufragios, desplazamientos y emergencias. Danos prudencia para actuar y un corazón que no abandone a los más vulnerables. Santa María, estrella del mar, intercede por ellos y condúcenos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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