Vida de un santo
Un decreto de supresión amenazó a la vez la casa dedicada a niñas pobres y la comunidad oratoriana a la que pertenecía. Sus esfuerzos salvaron una obra, pero no la otra.
Luis Scrosoppi nació en Udine, en el nordeste de Italia, en 1804 y fue ordenado sacerdote en 1827. Desde 1829 colaboró con la Casa de las Abandonadas, que acogía y educaba a niñas pobres. Aquella obra creció con medios limitados y, en 1837, nueve mujeres que se habían entregado a su servicio formaron el primer núcleo de las Hermanas de la Providencia.
Luis pertenecía también al Oratorio de san Felipe Neri de Udine, donde profesó en 1846. La espiritualidad filipina, la formación de los sacerdotes y la casa para las niñas no eran compartimentos aislados de su vida. En 1862 llegó el reconocimiento pontificio de las Hermanas de la Providencia. Parecía que las distintas partes de la misión podían continuar juntas y con estabilidad.
La unificación italiana trajo leyes de supresión de corporaciones religiosas. El decreto alcanzó tanto a la Casa de las Abandonadas como al Oratorio filipino. Scrosoppi se movilizó para defender jurídicamente las obras. Consiguió salvar la casa que atendía a las niñas y asegurar la continuidad de las hermanas, pero no pudo impedir la supresión del Oratorio al que él mismo pertenecía.
No conservó todo. Perdió la estructura comunitaria en la que había vivido su vocación oratoriana, aunque permaneció interiormente discípulo de san Felipe Neri. Al mismo tiempo protegió el servicio de quienes dependían de la casa. Aquello no demuestra que la supresión fuera justa ni convierte una derrota institucional en victoria: muestra que, cuando dos bienes están amenazados, a veces los esfuerzos legítimos no bastan para rescatarlos a ambos.
En sus últimos años confió progresivamente la dirección a las hermanas, acompañó sus nuevas casas y continuó atento a los pobres y enfermos. Murió en Udine en 1884. La congregación siguió extendiendo la obra educativa y asistencial; san Juan Pablo II canonizó a Scrosoppi en 2001. La parte que no pudo salvar no quedó borrada, pero tampoco anuló la fecundidad de la parte que sí logró proteger.
Cuando una crisis amenaza simultáneamente una institución, un equipo y a las personas vulnerables que atiendes, quizá no puedas preservar todo en su forma actual. Defiéndelo con medios legítimos, pide consejo competente y no declares demasiado pronto que algo es imposible. Si finalmente debes elegir, priorizar a quienes dependen de ti no significa que la estructura perdida careciera de valor. A veces la fidelidad duele precisamente porque protege un bien sin fingir que el otro no importa.
01
Lo que parecía
Que el decreto de supresión obligaría a desaparecer tanto al Oratorio filipino como a la casa que educaba y protegía a niñas pobres.
02
Lo que descubrimos
Que Scrosoppi no pudo conservar su Oratorio, pero consiguió defender la casa y dejar en manos de las hermanas una obra capaz de continuar.
03
Para tu vida
Defenderé con medios legítimos todos los bienes amenazados y pediré consejo antes de renunciar. Si no puedo salvarlos todos, priorizaré a las personas que dependen de mí sin fingir que la estructura perdida nunca tuvo valor.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Luis Scrosoppi, da sabiduría a quienes deben decidir qué proteger en medio de una supresión o una crisis. Ayúdales a defender el bien por caminos legítimos, priorizar a las personas vulnerables y llorar sin amargura lo que no puedan salvar. Santa María, amparo de los pobres, condúcenos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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