Vida de un santo
Óscar Romero fue asesinado mientras celebraba la Eucaristía el 24 de marzo de 1980. Su muerte no debe embellecerse: fue la interrupción violenta de un ministerio que había defendido la dignidad y pedido el fin de toda violencia.
Durante sus tres años como arzobispo de San Salvador, Romero predicó cada domingo en una nación atravesada por represión, desigualdad y violencia creciente. Sus homilías, difundidas por radio, recogían desapariciones y abusos, defendían a los pobres y reclamaban justicia. Al mismo tiempo condenaba la violencia viniera de donde viniera y proponía una conversión de los corazones fundada en Cristo.
No hablaba desde una seguridad distante. Sacerdotes, catequistas y fieles habían sido asesinados o expulsados. Las amenazas contra él eran conocidas. Romero continuó visitando comunidades, escuchando a víctimas y ejerciendo su autoridad pública. Su voz no pertenecía a un partido: procuraba que la Iglesia fuera independiente de los poderes y fiel al Evangelio y al magisterio.
El 24 de marzo de 1980 celebró misa en la capilla del hospital de la Divina Providencia. Mientras estaba ante el altar, un asesino disparó contra él. No añadimos palabras finales ni recreamos el cuerpo o la sangre. El hecho documentado basta: un arzobispo fue asesinado durante la celebración eucarística y la Iglesia reconoció posteriormente su martirio.
La Eucaristía no convierte el asesinato en una escena hermosa. Proclama que Cristo entrega su vida por amor y desarma la lógica de devolver mal por mal. Romero no buscó morir. Aceptó el riesgo de permanecer junto a su pueblo, y su muerte dejó al descubierto la violencia que había denunciado sin transformarla en el centro de su mensaje.
Su última misa nos devuelve a todas las anteriores: a la Palabra explicada, las víctimas nombradas, la reconciliación pedida y el Pan compartido. La memoria cristiana no contempla el altar aislado de la calle. Pregunta si nuestra comunión con Cristo nos hace escuchar a quien no tiene voz y sostener la verdad sin alimentar el odio.
01
Lo que parecía
Que su asesinato era la escena principal y podía resumir por sí solo todo su ministerio.
02
Lo que descubrimos
Que el martirio corona una fidelidad anterior y que la Eucaristía une entrega, verdad, justicia y rechazo del odio.
03
Para tu vida
Al participar en misa, lleva el nombre de una persona cuya dignidad esté siendo ignorada. Después, realiza una acción concreta para escucharla o defenderla con prudencia.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, Pan partido por la vida del mundo, haz que nuestra Eucaristía no quede separada del sufrimiento humano. Danos la valentía de san Óscar Romero para defender la dignidad, rechazar toda violencia y permanecer en tu paz. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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