Novena a Nuestra Señora del Rosario de Pompeya

Novena a Nuestra Señora del Rosario de Pompeya

Oraciones y novenas marianas · Italia

Nueve días de oración con el Rosario ante la Virgen de Pompeya, venerada en el santuario levantado por el beato Bartolo Longo, donde cada día se eleva la célebre Súplica a la Reina de las Victorias.

Súplica solemne: 8 de mayo y primer domingo de octubre

Fachada de la basílica pontificia del Santísimo Rosario de Pompeya (Italia), con su campanario
Basílica del Santísimo Rosario de Pompeya (Italia). Foto: Norbert Nagel · Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0. La imagen muestra la fachada del santuario, no el cuadro venerado.

Novena original de rezaelrosario.org.
Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.

La Reina del Rosario que reina junto a las ruinas de Pompeya

En el valle donde la antigua Pompeya romana quedó sepultada por la ceniza, se levanta hoy una ciudad nueva y, en su centro, una basílica dedicada a Nuestra Señora del Santísimo Rosario. Allí una imagen humilde de la Virgen, que entrega el rosario a santo Domingo y a santa Catalina de Siena, ha reunido durante generaciones a peregrinos venidos de todo el mundo. Esta novena quiere acompañarte a lo largo de nueve días para que, con el hilo del rosario entre las manos, dejes que María te conduzca de la mano hacia su Hijo.

Conviene recordar desde el principio una verdad de la fe: a María no se la adora. La adoración —el culto de latría— se debe únicamente a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. A la Virgen la honramos, la veneramos y la invocamos como intercesora, es decir, como Madre que presenta nuestras súplicas ante Cristo, único Mediador. Cuando en esta novena pedimos a la Señora de Pompeya, no le atribuimos el poder que solo es de Dios: le pedimos que ruegue por nosotros, como una madre reza por sus hijos.

Datos esenciales

  • Advocación: Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Pompeya.
  • Lugar: Santuario de la Bienaventurada Virgen del Rosario, en la ciudad de Pompei (Campania, Italia), próxima a las ruinas de la antigua Pompeya romana.
  • Custodios: el santuario, promovido por el beato Bartolo Longo, es hoy una realidad eclesial atendida bajo la responsabilidad de la Santa Sede.
  • Marco eclesial: basílica pontificia; devoción del rezo del Santo Rosario y de la célebre Súplica a la Virgen de Pompeya.
  • Fiesta: ligada a la memoria de Nuestra Señora del Rosario (7 de octubre en el calendario de la Iglesia).
  • Devoción: la Súplica a la Virgen de Pompeya se reza solemnemente dos veces al año, el 8 de mayo y el primer domingo de octubre.
  • Impulsor: el beato Bartolo Longo, abogado convertido, fue beatificado por el papa Juan Pablo II en 1980.

Cómo prepararse para rezar la novena

Una novena no es una fórmula mágica ni una cadena de peticiones para arrancar favores. Es un tiempo de nueve días en el que el corazón se dispone, se sosiega y aprende a confiar. Antes de empezar, busca un momento y un lugar donde puedas rezar sin prisas: bastan unos minutos al día, siempre a la misma hora si te es posible, para que la oración se convierta en una cita fiel con la Madre y con su Hijo.

Si puedes, ten cerca un rosario. La devoción de Pompeya es, por encima de todo, devoción al Rosario: esa oración sencilla en la que, avemaría tras avemaría, contemplamos con María la vida de Jesús. No hace falta rezar el rosario entero cada día para hacer esta novena, aunque sería un hermoso propósito; basta con que las cuentas te recuerden que rezas de la mano de tu Madre.

Prepara también el alma. Conviene comenzar cada día pidiendo perdón de los propios pecados, y si es posible acercarse durante la novena al sacramento de la Reconciliación y a la Eucaristía, porque toda verdadera devoción mariana desemboca en Cristo, presente en los sacramentos. Reza con confianza, pero también con entrega: no impongas a Dios tu voluntad, sino ábrete a la suya, que siempre busca nuestro bien.

Orden propuesto para cada día

  1. Ponte en presencia de Dios haciendo con calma la señal de la cruz.
  2. Reza la oración inicial, común a todos los días de la novena.
  3. Invoca al Espíritu Santo para que ilumine tu oración.
  4. Lee despacio la memoria histórica y la meditación del día.
  5. Acoge la Palabra de Dios sugerida y deja que resuene unos instantes en silencio.
  6. Formula el propósito concreto del día y proponte cumplirlo.
  7. Reza la oración propia del día y, si lo deseas, una decena o el rosario completo.
  8. Termina con un breve agradecimiento y encomienda tus intenciones a la Virgen del Rosario.

Opening prayer for every day

Virgen Santísima del Rosario de Pompeya, Madre de misericordia y Reina de las victorias del amor, me presento ante ti al comenzar esta novena. Reconozco que solo Dios es digno de adoración, y a ti te vengo a honrar como Madre e intercesora, para que lleves mis pobres súplicas hasta el corazón de tu Hijo Jesús. Enséñame a rezar el Santo Rosario con fe, a contemplar contigo los misterios de la salvación y a confiar, incluso en la tribulación, en la bondad de Dios. Acompáñame estos nueve días y alcánzame la gracia que necesito, si es para bien de mi alma. Amén.

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, luz de los corazones. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que fuera Madre del Salvador, ilumina también mi entendimiento y enciende mi voluntad. Sin ti no puedo rezar como es debido ni comprender los misterios que voy a contemplar. Ayúdame a acoger la Palabra, a reconocer mis faltas y a amar a Dios sobre todas las cosas. Que esta novena, hecha de la mano de María, me acerque más a Jesús, tu obra de amor. Amén.

Día primero — La imagen de la Virgen que entrega el Rosario

Memoria histórica

En el corazón del santuario de Pompeya se venera un cuadro que representa a la Virgen sentada con el Niño Jesús, entregando el rosario a santo Domingo de Guzmán y a santa Catalina de Siena. Es una imagen humilde, que llegó al valle de Pompeya en el siglo XIX y fue después restaurada con esmero para devolverle su dignidad. En torno a ella se fue congregando la devoción de miles de fieles. La historia de este cuadro nos recuerda que Dios se sirve muchas veces de lo pequeño y desgastado para hacer grandes cosas.

Meditation

La imagen no se adora: se venera como una ventana que orienta la mirada hacia la persona representada. Al contemplar a María que entrega el rosario, entendemos el sentido de esta devoción: es la Madre quien nos pone en las manos una oración para que, con ella, aprendamos a conocer y amar a su Hijo. El rosario no es un objeto de superstición, sino una escuela de contemplación cristiana.

Palabra de Dios sugerida

«Hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1, 38).

Propósito

Hoy tomaré mi rosario con respeto y rezaré al menos una decena, pidiendo a María que me enseñe a orar.

Oración del día

Señora del Rosario de Pompeya, que en tu imagen nos entregas la corona de avemarías, ponla también en mis manos y en mi corazón. Que cada cuenta sea un paso hacia Jesús y que, como tú, sepa guardar y meditar en mi interior las palabras y los hechos del Señor. Amén.

Día segundo — Bartolo Longo, el abogado convertido

Memoria histórica

La devoción de Pompeya está unida al nombre del beato Bartolo Longo, abogado que en su juventud se había alejado de la fe y se había extraviado en prácticas ajenas al cristianismo. Tocado por la gracia, volvió a Dios y consagró el resto de su vida a difundir el Rosario y a levantar en el valle de Pompeya un santuario y numerosas obras de caridad. El papa Juan Pablo II lo beatificó en 1980, reconociendo la santidad de aquel «apóstol del Rosario».

Meditation

La conversión de Bartolo Longo es signo de esperanza para todos los que se sienten lejos de Dios. Ningún pasado es tan oscuro que la misericordia no pueda transformarlo. Él encontró en el Rosario un camino de regreso: la sencilla oración de la Madre lo devolvió al abrazo del Padre. Su vida nos dice que la santidad no es privilegio de unos pocos, sino una llamada dirigida a cada bautizado.

Palabra de Dios sugerida

«No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Marcos 2, 17).

Propósito

Hoy examinaré con sinceridad mi vida y, si es posible, me prepararé para acercarme al sacramento de la Reconciliación.

Oración del día

Virgen del Rosario, que llevaste a Bartolo Longo del extravío a la luz de Cristo, alcánzame también a mí la gracia de la conversión sincera. Que no desconfíe nunca de la misericordia de Dios y que, como tu siervo, haga de mi vida una respuesta agradecida a su amor. Amén.

Día tercero — El Rosario, cadena que une la tierra y el cielo

Memoria histórica

Desde antiguo el pueblo cristiano ha llamado al Rosario «la dulce cadena que nos une a Dios». En Pompeya esta imagen cobra fuerza: la Virgen entrega la corona de cuentas como quien tiende un hilo firme entre el suelo y el cielo. Bartolo Longo comprendió que aquella oración humilde, repetida con amor, era capaz de sostener a las almas en medio de las pruebas y de mantenerlas atadas a la esperanza.

Meditation

El Rosario une lo humano y lo divino porque, al repetir el avemaría, contemplamos los misterios de Cristo. No es una repetición vacía: es como el latido de un corazón que ama. Cada cuenta que pasa entre los dedos nos recuerda que no estamos solos, que la Madre reza con nosotros y por nosotros, y que su intercesión nos acerca al único Salvador.

Palabra de Dios sugerida

«Orad sin cesar; dad gracias en toda ocasión» (1 Tesalonicenses 5, 17-18).

Propósito

Hoy ofreceré mi rosario por una persona que se haya alejado de la fe, para que Dios la atraiga de nuevo hacia sí.

Oración del día

Madre del Rosario, dulce cadena que nos une a Dios, no permitas que ninguna prueba corte el hilo de mi confianza. Sostenme cuando flaquee y enséñame a rezar con constancia, para que la oración sea el vínculo que nunca se rompe entre mi alma y el Señor. Amén.

Día cuarto — Los misterios gozosos y la alegría de la Encarnación

Memoria histórica

El Rosario que se propagó desde Pompeya recorre los grandes misterios de la fe. Los primeros, llamados gozosos, contemplan la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento del Señor, la Presentación en el templo y el hallazgo del Niño Jesús. En el santuario, generaciones de peregrinos han meditado estos pasajes buscando la alegría serena que nace de saber que Dios ha querido hacerse hombre por amor a nosotros.

Meditation

Los misterios gozosos nos enseñan que la verdadera alegría no está en la ausencia de dificultades, sino en la presencia de Dios. María acoge la voluntad del Señor, corre a servir a su prima, ofrece a su Hijo en el templo. Su gozo brota de la entrega. Contemplando estos misterios, aprendemos a encontrar la paz en lo cotidiano y a servir a los demás con sencillez.

Palabra de Dios sugerida

«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador» (Lucas 1, 46-47).

Propósito

Hoy buscaré un gesto concreto de servicio hacia alguien de mi familia o de mi entorno, imitando la prontitud de María.

Oración del día

Virgen del Rosario, que meditaste en tu corazón la alegría de la Encarnación, dame un corazón disponible como el tuyo. Que sepa decir «sí» a la voluntad de Dios en las cosas pequeñas y llevar a los demás la alegría que nace del Evangelio. Amén.

Día quinto — Los misterios dolorosos y la fuerza en la cruz

Memoria histórica

Al pie del valle de Pompeya, donde una antigua catástrofe recuerda la fragilidad de lo humano, la devoción del Rosario ha ofrecido consuelo a quienes atraviesan el dolor. Los misterios dolorosos contemplan la oración de Jesús en el huerto, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario y la crucifixión. Muchos peregrinos han acudido al santuario cargando cruces propias, buscando a la Madre que estuvo junto a la de su Hijo.

Meditation

El sufrimiento, iluminado por la fe, no es un absurdo. Junto a la cruz, María no huye: permanece de pie, fiel, unida al dolor de su Hijo. Contemplar los misterios dolorosos nos enseña a no rebelarnos ante la prueba, sino a ofrecerla en unión con Cristo. Quien reza el Rosario en la tribulación descubre que no está solo y que el amor de Dios acompaña incluso en la noche.

Palabra de Dios sugerida

«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre» (Juan 19, 25).

Propósito

Hoy ofreceré una contrariedad o un dolor concreto en unión con la pasión de Cristo, sin quejas ni amargura.

Oración del día

Madre dolorosa del Rosario, que permaneciste firme junto a la cruz, enséñame a llevar la mía con paciencia y amor. Cuando llegue el sufrimiento, no me dejes desfallecer; recuérdame que tu Hijo transformó la cruz en fuente de vida. Amén.

Día sexto — Los misterios gloriosos y la esperanza de la vida nueva

Memoria histórica

El Rosario no termina en el dolor, sino en la gloria. Los misterios gloriosos contemplan la Resurrección del Señor, su Ascensión, la venida del Espíritu Santo, y, según la fe de la Iglesia, la Asunción de María y su coronación como Reina del cielo. En Pompeya, la Virgen es honrada precisamente como Reina del Rosario, imagen de la esperanza que espera a todos los fieles.

Meditation

La gloria de María es reflejo de la victoria de Cristo sobre la muerte. Ella, que creyó, ya goza plenamente de aquello que a nosotros se nos promete. Meditar los misterios gloriosos aviva la esperanza: la última palabra no la tiene el pecado ni la muerte, sino la vida que Dios prepara para quienes le aman. La Reina del Rosario nos precede como estrella de esa mañana sin ocaso.

Palabra de Dios sugerida

«Ni el ojo vio, ni el oído oyó lo que Dios ha preparado para los que lo aman» (1 Corintios 2, 9).

Propósito

Hoy renovaré mi esperanza rezando por los difuntos y confiando su descanso a la misericordia de Dios.

Oración del día

Reina del Rosario, glorificada junto a tu Hijo, aviva en mí la esperanza de la vida eterna. Que las pruebas de este mundo no me hagan olvidar la meta a la que camino, y que un día pueda contemplar contigo el rostro de Dios en la gloria. Amén.

Día séptimo — La caridad, fruto del Rosario en las obras del santuario

Memoria histórica

Bartolo Longo no se contentó con levantar un templo: junto al santuario promovió obras de caridad al servicio de los más necesitados, especialmente de los niños y de las familias en dificultad. Comprendió que la verdadera devoción a la Virgen del Rosario debía traducirse en amor concreto al prójimo. Así, Pompeya no fue solo un lugar de oración, sino también un hogar de acogida y de misericordia.

Meditation

Una oración que no mueve a la caridad se queda a medio camino. El Rosario contemplado de veras conduce a imitar a Cristo, que pasó haciendo el bien. Honrar a María sin amar al hermano sería un engaño. La devoción auténtica florece en obras: en el perdón, en la ayuda al necesitado, en la paciencia con quien nos cuesta amar. Ese es el fruto que la Madre espera de nosotros.

Palabra de Dios sugerida

«Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25, 40).

Propósito

Hoy realizaré una obra de caridad concreta, por pequeña que sea, en favor de alguien que lo necesite.

Oración del día

Señora del Rosario, que inspiraste tantas obras de misericordia en el valle de Pompeya, haz que mi oración no se quede en palabras. Ablanda mi corazón, ábrelo a las necesidades de los demás y enséñame a amar como amó tu Hijo. Amén.

Día octavo — María, auxilio en la tribulación

Memoria histórica

La célebre Súplica a la Virgen de Pompeya, que se reza solemnemente el 8 de mayo y el primer domingo de octubre, nació del deseo de acudir a la Madre en las horas de necesidad. En ella, multitud de fieles de todo el mundo se unen para pedir juntos su intercesión. Según la tradición piadosa, muchos han atribuido a esta súplica gracias y consuelos; sin pretender medir esos favores como hechos probados por la historia, la Iglesia reconoce en la Súplica una expresión hermosa de confianza filial.

Meditation

Hay momentos en que las fuerzas humanas no bastan y solo queda levantar los ojos al cielo. Entonces la Virgen se muestra como auxilio, no porque tenga poder propio de Dios, sino porque su intercesión materna es acogida por su Hijo. Acudir a ella en la tribulación no es debilidad, sino sabiduría: es dejarse llevar de la mano de una Madre que nunca abandona a sus hijos.

Palabra de Dios sugerida

«No tienen vino» (Juan 2, 3).

Propósito

Hoy pondré en manos de la Virgen una preocupación concreta, con la certeza de que la presenta a su Hijo.

Oración del día

Virgen del Rosario de Pompeya, auxilio de los que sufren, a ti acudo en mi necesidad. Como en Caná advertiste la falta y hablaste a tu Hijo, presenta también ahora mi súplica a Jesús. No miro mis méritos, sino tu bondad de Madre; en ti confío y a ti me encomiendo. Amén.

Día noveno — Envío y confianza final en la Reina del Rosario

Memoria histórica

Al término de esta novena, el santuario de Pompeya nos deja una lección duradera: de un valle marcado por la ruina antigua brotó un lugar vivo de fe, oración y caridad. Los peregrinos que allí llegan no regresan iguales, porque el Rosario, rezado con el corazón, transforma la vida. La devoción a la Reina del Rosario no concluye con la novena, sino que se prolonga en la fidelidad de cada día.

Meditation

Terminar una novena no es cerrar una puerta, sino abrir un camino. Lo aprendido estos días —confiar, rezar, servir, esperar— está llamado a hacerse costumbre. María nos envía de nuevo a lo cotidiano, pero ya no solos: con el rosario en la mano y su presencia materna cerca. Que la confianza puesta en Dios durante estos nueve días permanezca y crezca.

Palabra de Dios sugerida

«Haced lo que él os diga» (Juan 2, 5).

Propósito

Me propongo mantener viva la devoción del Rosario más allá de esta novena, dedicándole un tiempo estable en mi jornada.

Oración del día

Reina del Santísimo Rosario de Pompeya, te doy gracias por estos nueve días en tu compañía. Recibe mis peticiones y preséntalas a tu Hijo; y si lo que pido es para bien de mi alma, alcánzamelo. Que salga de esta novena renovado en la fe, firme en la esperanza y encendido en la caridad, para gloria de Dios y honor tuyo. Amén.

Closing prayer

Bendita seas, Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Pompeya, Madre e intercesora nuestra ante Cristo. Te damos gracias porque, a través de esta humilde devoción, has acercado a tantos corazones al Evangelio de tu Hijo. Reconocemos que solo a Dios adoramos, y a ti te honramos como Madre que ruega por nosotros; enséñanos a rezar el Rosario con fe viva y a vivir lo que en él contemplamos.

Concédenos, si es voluntad de Dios y para bien de nuestras almas, las gracias que en esta novena te hemos pedido. Y si algo de lo que pedimos no conviene, alcánzanos aquello que más necesitamos: la fidelidad a tu Hijo, la paz del corazón y la perseverancia final. Que un día, terminado nuestro camino, podamos darte gracias eternamente en el cielo, contemplando el rostro de Dios. Amén.

Peticiones de la comunidad

Unidos como hijos de una misma Madre, presentamos ante la Virgen del Rosario de Pompeya las intenciones de toda la comunidad, para que las lleve al corazón de su Hijo:

  • Por los enfermos y quienes los cuidan, para que encuentren alivio en el cuerpo y consuelo en el alma.
  • Por las familias, especialmente las que atraviesan dificultades, para que hallen en la oración unión y esperanza.
  • Por los difuntos, para que el Señor los acoja en su misericordia y les conceda el descanso eterno.
  • Por la Iglesia, sus pastores y todos los bautizados, para que sean fieles testigos del Evangelio.
  • Por quienes se sienten lejos de Dios, para que, como el beato Bartolo Longo, encuentren en el Rosario el camino de regreso.
  • Por la paz en el mundo y por los que sufren guerra, hambre o soledad, para que no falten manos que los sostengan.

Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.

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