关于圣母玛利亚的轶事
《熄灭的灯:基多的成功》
En el corazón del centro histórico de Quito, dentro del Real Monasterio de la Limpia Concepción, las religiosas concepcionistas custodian desde el siglo XVII una imagen muy querida: Nuestra Señora del Buen Suceso. El título evoca el misterio de la Presentación del Niño en el Templo, que se celebra el 2 de febrero, y a la vez una esperanza honda: el «buen suceso» final, la restauración de la Iglesia tras los tiempos difíciles.
La devoción se entrelaza con la figura de la madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, religiosa española que, según la tradición piadosa, fue una de las siete fundadoras del monasterio en 1577. Las biografías devocionales relatan que recibió apariciones de la Virgen entre 1594 y 1634, y que la primera, en la madrugada del 2 de febrero de 1594, ocurrió mientras oraba en el coro por las dificultades de su comunidad.
Aquí conviene distinguir con cariño y honradez. Lo que consta históricamente es la existencia del monasterio desde 1577, la de la religiosa y la de la imagen, y la antigüedad de la devoción local. En cambio, el número exacto de apariciones, los diálogos, la escena de la lámpara apagada y las profecías sobre los siglos XIX y XX pertenecen al ámbito de la tradición devocional, transmitida en escritos hagiográficos posteriores; no constan en documentos coetáneos editados críticamente. También es tradición piadosa el bello relato de que el rostro de la talla, sin terminar, apareció «milagrosamente concluido» antes de su bendición, atribuido a manos angélicas.
Sobre el Rosario, no consta en estas fuentes una petición explícita y reiterada de la Virgen del Buen Suceso al modo de Lourdes o Fátima. Lo que sí se puede decir es que el mensaje insiste en la oración, la penitencia y la reparación, y que el Rosario está hoy profundamente integrado en la devoción a esta advocación, como es natural en la piedad mariana.
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