El ciego de nacimiento — No todo sufrimiento es un castigo

Jesús unta con barro los ojos de un hombre ciego de nacimiento sentado junto a una calle de Jerusalén, mientras los discípulos observan a distancia.
Representación artística original creada para esta meditación.

Holy Scripture

Los discípulos quisieron convertir la ceguera de un hombre en una pregunta sobre culpables. Jesús rechazó aquella lógica, se acercó a él y lo trató como persona capaz de responder y dar testimonio.

Al pasar, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos preguntaron quién había pecado para que naciera así: él o sus padres. La pregunta colocaba su vida dentro de una cuenta de culpas heredadas. Jesús rechazó las dos opciones. Su respuesta no autoriza a decir que Dios causó la ceguera para conseguir un efecto; corta la acusación y dirige la mirada hacia una obra que debía hacerse presente en aquel encuentro.

Jesús hizo barro, se lo puso en los ojos y mandó al hombre lavarse en la piscina de Siloé. Él fue, se lavó y volvió viendo. El relato no termina en la curación. Los vecinos discutieron si era realmente la misma persona que antes pedía limosna. Frente a quienes hablaban sobre él, el hombre tuvo que afirmar su propia identidad: era él, no un personaje intercambiable ni un problema del que otros pudieran apropiarse.

Los fariseos lo interrogaron repetidamente sobre lo ocurrido y discutieron acerca de Jesús. También llamaron a sus padres, que confirmaron que había nacido ciego, pero evitaron explicar más por miedo a ser expulsados de la sinagoga. El hombre fue presionado para que negara lo que sabía. Respondió con sobriedad: no podía resolver todas las disputas sobre Jesús, pero sabía que antes no veía y ahora veía.

A medida que el interrogatorio se endureció, su testimonio se volvió más claro. Finalmente lo expulsaron. Jesús supo que lo habían echado, lo buscó y se dio a conocer. El hombre respondió con fe y lo adoró. Quien al comienzo era tratado como objeto de una teoría sobre el pecado acabó hablando por sí mismo y encontrándose personalmente con Cristo cuando la comunidad lo había dejado fuera.

El Catecismo presenta las curaciones de Jesús como signos de la cercanía del Reino y recuerda su compasión hacia quienes sufren. También advierte, al señalar que no curó a todos los enfermos, que no podemos transformar estos relatos en una fórmula automática. La dignidad de una persona con discapacidad no depende de que llegue una curación, y su situación nunca permite deducir una culpa propia o familiar.

Esta página invita a desmontar una pregunta que todavía hace daño: «¿qué habrá hecho para que le ocurra esto?». En lugar de diagnosticar culpas ajenas, podemos escuchar a la persona, retirar barreras, respetar su palabra, defenderla ante el desprecio y permanecer a su lado si otros la excluyen. La obra de Dios no consiste en convertirla en argumento, sino en reconocerla, servirla y abrir espacio para su encuentro con Cristo.

01

Lo que parecía

Que la ceguera debía poder explicarse señalando el pecado del hombre o de sus padres, y que otros tenían derecho a hablar por él.

02

Lo que descubrimos

Que Jesús rechazó la búsqueda de culpables, actuó con compasión y volvió a buscar al hombre cuando su testimonio le costó la expulsión.

03

Para tu vida

Cuando alguien sufra una enfermedad o discapacidad, elimina de tu lenguaje la sospecha de castigo. Pregunta qué barrera concreta puedes retirar y escucha su experiencia sin hablar en su lugar.

Prayer

Una oración para hoy

Señor Jesús, líbranos de explicar el sufrimiento acusando. Enséñanos a ver a cada persona, escuchar su voz, retirar barreras y permanecer junto a quien ha sido excluido. Abre nuestros ojos a tu compasión. Amén.

Origen y referencias

Origen de esta meditación: Holy Scripture. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.

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Reina de la Paz · Medjugorje

Wait for the meditar

An invitation to stop, pray and look back to Jesus Christ.

Fragment of an alleged message, presented with caution in accordance with the Vatican Note of 2024.

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