Vida de un santo
Primero expulsaron a los jesuitas de España. Después la Iglesia suprimió jurídicamente la Compañía. José no podía conservar intacta la institución, pero sí cuidar a sus hermanos y mantener vivo su espíritu hasta que fuera posible recomenzar.
José Pignatelli nació en Zaragoza en 1737 y entró muy joven en la Compañía de Jesús. Soñó con ser enviado a las misiones de América, pero la tuberculosis crónica hizo imposible ese proyecto. Enseñó y encontró otro campo apostólico entre pobres, presos y condenados a muerte, que llegaron a llamarlo «padre de los ahorcados».
En 1767 los jesuitas fueron expulsados de España. José, que por su origen noble habría podido buscar un trato diferente, compartió el exilio con sus compañeros y recibió la responsabilidad de cuidarlos espiritual y materialmente mientras buscaban refugio.
El golpe mayor llegó en 1773: Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús. Ya no se trataba únicamente de haber perdido una casa o un país. La familia religiosa a la que José había entregado su vida dejó de existir jurídicamente en casi toda la Iglesia.
José no fingió que nada había cambiado ni actuó al margen de la Iglesia. Sostuvo a los jesuitas dispersos, conservó su forma de vida y, cuando se abrieron posibilidades legítimas, reunió miembros, formó novicios y restableció comunidades. Pío XII lo llamó el vínculo que, atravesando la supresión, conectó la Compañía restaurada con sus orígenes.
Murió en 1811, tres años antes de la restauración universal de la Compañía en 1814, aunque alcanzó a ver nuevas casas y el renacimiento reconocido en algunos territorios. Fue canonizado en 1954. No contempló el último capítulo, pero mantuvo unidos los renglones sin los cuales habría sido mucho más difícil escribirlo.
01
Lo que parecía
Que la supresión jurídica de la Compañía convertía en pasado definitivo la vocación y la obra a las que había entregado su vida.
02
Lo que descubrimos
Que no podía decretar por sí mismo la restauración, pero sí cuidar a los dispersos, conservar lo esencial y preparar responsablemente un futuro que quizá no llegaría a ver completo.
03
Para tu vida
Cuando una obra buena desaparezca de mis manos, distinguiré entre lo que ya no puedo conservar y lo que todavía puedo transmitir: personas cuidadas, memoria fiel, formación y espíritu de servicio.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san José Pignatelli, sostiene a quienes ven dispersarse una obra buena y concédeles fidelidad, paciencia eclesial y cuidado de las personas. Santa María, intercede por nosotros y llévanos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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