Vida de un santo
El Santuario de la Consolata estaba deteriorado y el centro de formación sacerdotal permanecía cerrado por fuertes polémicas. Nadie quería asumir la rectoría; el arzobispo se la confió al joven José Allamano.
José Allamano nació en Castelnuovo, Italia, en 1851. Estudió durante algunos años en el Oratorio de Valdocco, donde tuvo como director espiritual a san Juan Bosco, y fue ordenado sacerdote en 1873. Después de unos meses de ministerio parroquial pasó al seminario de Turín. A los veinticinco años ya era director espiritual de los seminaristas, una responsabilidad notable para un sacerdote tan joven.
En 1880 el arzobispo buscaba rector para el Santuario de la Consolata. La situación desanimaba a todos: el antiguo edificio estaba deteriorado y el convictorio destinado a completar la formación de jóvenes sacerdotes había cerrado en medio de fuertes polémicas sobre la enseñanza moral. La biografía del Dicasterio dice expresamente que nadie quería aceptar el puesto.
La responsabilidad recayó sobre Allamano. Aceptó por obediencia, aunque le costó mucho, y no llegó a aquel lugar como quien recibe un premio. No conservamos aquí una explicación suya de todo lo que pensó al entrar. Tampoco debemos concluir que toda tarea rechazada por otros deba aceptarse, que el agotamiento sea una virtud o que una autoridad nunca pueda pedir algo desproporcionado. En su caso hubo encargo eclesial, discernimiento y colaboración.
Allamano comenzó a restaurar tanto los espacios como la vida del santuario: cuidó la liturgia, las confesiones, las peregrinaciones, la formación y las obras pastorales. Reabrió y renovó el centro sacerdotal y eligió como colaborador estable a Giacomo Camisassa. Aquello que parecía un destino provisional y problemático se convirtió en su lugar durante los cuarenta y seis años restantes de su vida.
Desde aquella responsabilidad local nació además una apertura inesperadamente universal. En 1901 fundó los Misioneros de la Consolata y en 1910 las Misioneras de la Consolata. Los primeros misioneros partieron hacia Kenia mientras él continuaba como sacerdote diocesano y rector en Turín. Murió junto al santuario en 1926; fue beatificado en 1990 y canonizado por Francisco en 2024.
Quizá te han confiado una tarea deteriorada, discutida o poco prestigiosa que otros han evitado. Antes de aceptar, examina tus fuerzas, pide condiciones justas y busca colaboradores: servir no significa dejarse destruir. Pero no midas el valor del encargo por el brillo con que llega. Algunas responsabilidades no muestran su fecundidad al principio; la revelan cuando alguien las habita con paciencia, competencia y fidelidad compartida.
01
Lo que parecía
Que asumir un santuario deteriorado y un centro sacerdotal cerrado por polémicas era recibir un problema que nadie más quería.
02
Lo que descubrimos
Que aquel encargo difícil, sostenido con colaboración y trabajo paciente, se convirtió en el lugar estable desde el que sirvió a Turín y abrió una misión de alcance mundial.
03
Para tu vida
No juzgaré una responsabilidad solo por el estado en que llega o por el prestigio que ofrece. Discerniré límites y apoyos y, si debo asumirla, la habitaré con competencia, paciencia y ayuda compartida.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san José Allamano, acompaña a quienes reciben responsabilidades difíciles y poco reconocidas. Dales lucidez para discernir, colaboradores fieles y paciencia para reparar sin buscar protagonismo. Santa María Consolata, condúcenos siempre a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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