Vida de un santo
Seis meses después de ordenarse sacerdote reunió en la casa familiar a varios jóvenes para vivir en común. El obispo le mandó detener aquella experiencia; Justino obedeció sin declarar muerta la llamada.
Justino María Russolillo nació en Pianura, cerca de Nápoles, en 1891. Desde niño quiso ser sacerdote y entró en el seminario a los diez años. Fue ordenado en 1913. Durante la celebración hizo el propósito de fundar una congregación dedicada al cuidado y acompañamiento de las vocaciones a la fe, al sacerdocio y a la santidad. No era una ocurrencia repentina: durante sus años de formación ya reunía a muchachos para enseñarles catequesis y oración.
El 30 de abril de 1914 comenzó en la casa paterna una experiencia de vida común con algunos de aquellos jóvenes. Habían pasado apenas seis meses desde su ordenación. Pero el obispo Michele Zezza le ordenó que la detuviera. La fuente oficial conserva la respuesta con la que Justino invitó a los muchachos a sacrificar su propia voluntad y aceptar la decisión del superior.
No debemos transformar aquella obediencia en una regla para encubrir delitos, soportar abusos o renunciar a la conciencia. Tampoco sabemos que cada detalle del primer proyecto fuese correcto y que el obispo simplemente se equivocara. Lo documentado es más concreto: Justino dejó de sostener aquella vida común. No continuó el proyecto a escondidas ni presentó su convicción personal como una autorización suficiente.
La espera tampoco fue inactividad. Durante la Primera Guerra Mundial fue movilizado y destinado a un hospital militar. Mantuvo correspondencia con los jóvenes y, al observar el servicio de las religiosas entre los heridos, maduró además la idea de una rama femenina. Después regresó a Pianura y continuó la catequesis, el acompañamiento y el trabajo pastoral que sí podía realizar.
En 1920 aceptó ser párroco de San Jorge Mártir. El nuevo administrador apostólico valoró su proyecto y le permitió desarrollarlo. El 18 de octubre de ese año, con bendición eclesial, Justino reanudó la vida común en la casa parroquial con doce jóvenes. Así nació la Sociedad de las Divinas Vocaciones; al año siguiente comenzó también la congregación femenina. Francisco lo canonizó en 2022.
Puede que una autoridad legítima detenga hoy una iniciativa que consideras buena. Obedecer no exige fingir que ya no te importa ni interpretar todo «todavía no» como un «nunca». Detén lo que debe detenerse, pregunta qué necesita madurar, continúa sirviendo en aquello que sí está abierto y evita las maniobras secretas. Si la llamada es auténtica, también podrá atravesar el examen, el tiempo y una forma distinta de recomenzar.
01
Lo que parecía
Que la orden episcopal de detener la primera comunidad cerraba definitivamente el proyecto vocacional que había prometido realizar.
02
Lo que descubrimos
Que aceptar el límite no destruyó la llamada: seis años de servicio y maduración prepararon un recomienzo autorizado, comunitario y más estable.
03
Para tu vida
Cuando una iniciativa mía deba detenerse, no la sostendré a escondidas ni convertiré mi convicción en permiso. Obedeceré lo legítimo, seguiré sirviendo y dejaré que el tiempo, el discernimiento y la comunión prueben qué debe renacer.
Prayer
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Justino María Russolillo, da paz a quienes deben detener una obra que aman. Líbralos de la rebeldía y de la resignación, enséñales a madurar en comunión y abre a su tiempo los caminos que sean verdaderamente tuyos. Santa María, Madre de las Vocaciones, llévanos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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