关于圣母玛利亚的轶事
皈依基督教的牧羊少年和重返岩石的影像

En la Serra de Tramuntana, pocos años después de la conquista de Mallorca por Jaume I, sitúa la tradición una historia de hallazgo y de fe nueva. Un joven pastor, antiguo musulmán recién convertido al cristianismo y bautizado con el nombre de Lluc, guardaba el rebaño por aquellos montes cuando, un sábado, percibió luces y ruidos extraños que salían de una hendidura entre las rocas. Se acercó y encontró una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, de tez morena, junto a un torrente.
El muchacho llevó la imagen al monje o párroco de Sant Pere d’Escorca, que la colocó en la iglesia. Pero al día siguiente la imagen había desaparecido, y volvieron a encontrarla en el mismo lugar donde el pastor la había hallado. El prodigio se repitió varias veces, hasta que todos lo entendieron como señal: la Virgen quería ser venerada allí, en aquel paraje de montaña. Levantaron entonces una pequeña ermita en el lugar de la aparición, germen del actual Santuari de Santa Maria de Lluc.
Hay que decirlo con franqueza: no existe documento coetáneo que describa a este pastor llamado Lluc, su condición de converso, ni los prodigios del retorno de la imagen. Todo ello -nombre, luces, ruidos, traslados y reaparecidas- es tradición devocional, una hermosa «llegenda de troballa» semejante a la de otras «maresdedéu trobades» de la antigua Corona de Aragón. Lo razonablemente documentado es la existencia de un lugar de culto mariano en Lluc hacia mediados del siglo XIII, con una ermita que se sitúa tradicionalmente en 1254, y una imagen medieval de unos 61 cm, de estilo del siglo XIII y tez morena, que el pueblo llama con cariño «la Moreneta».
La Mare de Déu de Lluc es hoy patrona de Mallorca, invocada como «Reina i Mare de Mallorca», y su santuario es el corazón espiritual de la isla. Sobre la fecha exacta de su coronación canónica y sobre un vínculo singular con el Rosario, las fuentes consultadas no aportan detalle: no consta. Sí es muy probable, como en todo gran santuario mariano, que el Rosario forme parte de la oración cotidiana de los peregrinos que suben a Lluc.
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