El Santuario de Nuestra Señora de Lourdes se desarrolló en torno a la Gruta de Massabielle y a los acontecimientos atribuidos a santa Bernardita Soubirous en 1858. Hoy es uno de los grandes centros de peregrinación mariana del mundo: lugar del manantial y de las piscinas, de tres basílicas y de la acogida de los enfermos, con 72 curaciones reconocidas como milagrosas por la Iglesia.
Última revisión: 2026-08-02 · huella 769af1ca9dad
Resumen
El Santuario de Nuestra Señora de Lourdes se desarrolló en torno a la Gruta de Massabielle y a los acontecimientos atribuidos a santa Bernardita Soubirous en 1858. Hoy es uno de los grandes centros de peregrinación mariana del mundo: lugar del manantial y de las piscinas, de tres basílicas y de la acogida de los enfermos, con 72 curaciones reconocidas como milagrosas por la Iglesia.
documented_historical_fact La cronología oficial del santuario sitúa dieciocho acontecimientos entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, atribuidos a santa Bernardita Soubirous. Su estudio detallado corresponde al expediente propio de las apariciones. [1][2][3]
documented_historical_fact De los más de 7.000 casos de curación registrados en Lourdes desde las apariciones, la Iglesia ha reconocido oficialmente 72 como milagrosos. [1][2][3]
La gruta y los acontecimientos de 1858
La cronología oficial del santuario sitúa dieciocho acontecimientos entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, atribuidos a santa Bernardita Soubirous. Su estudio detallado corresponde al expediente propio de las apariciones; este dosier del santuario los recoge en lo que fundan su historia.
documented_historical_fact La cronología oficial del santuario sitúa dieciocho acontecimientos entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, atribuidos a santa Bernardita Soubirous. Su estudio detallado corresponde al expediente propio de las apariciones. [2]
En la novena aparición la Señora indicó a Bernardita: «Vaya a beber y a lavarse en la fuente». Así surgió el manantial de la Gruta, origen del agua de Lourdes. El mensaje se condensó en la llamada: «Penitencia, penitencia, penitencia. Rece por los pecadores».
documented_historical_fact En la novena aparición la Señora indicó a Bernardita: «Vaya a beber y a lavarse en la fuente»; así surgió el manantial de la Gruta, origen del agua de Lourdes. [2]
documented_historical_fact El mensaje de la Señora se condensó en la llamada: «Penitencia, penitencia, penitencia. Rece por los pecadores». [2]
En la decimotercera aparición la Señora pidió: «que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión». De aquella petición nacieron el santuario y sus procesiones.
documented_historical_fact En la decimotercera aparición la Señora pidió: «que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión». De esa petición nacieron el santuario y sus procesiones. [2][4]
El 25 de marzo de 1858, fiesta de la Anunciación, la Señora reveló su nombre en el habla local: «Que soy era Immaculada Councepciou» — «Yo soy la Inmaculada Concepción», cuatro años después de la definición del dogma. El obispo de Tarbes, Bertrand-Sévère Laurence, emitió el mandamiento episcopal de reconocimiento el 18 de enero de 1862.
documented_historical_fact El 25 de marzo de 1858, fiesta de la Anunciación, la Señora reveló su nombre en el habla local: «Que soy era Immaculada Councepciou» («Yo soy la Inmaculada Concepción»), cuatro años después de la definición del dogma. [2][3][6]
documented_historical_fact El obispo de Tarbes, Bertrand-Sévère Laurence, emitió el mandamiento episcopal de reconocimiento el 18 de enero de 1862. [2][3][6]
Las basílicas
La «capilla» pedida por la Señora es la basílica de la Inmaculada Concepción: iniciada en 1866, bendecida el 15 de agosto de 1871 y consagrada el 1 de julio de 1876. Neogótica, obra del arquitecto Hippolyte Durand, se alza directamente sobre la Gruta y lleva el nombre que la Señora reveló a Bernardita.
documented_historical_fact En la decimotercera aparición la Señora pidió: «que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión». De esa petición nacieron el santuario y sus procesiones. [2][4]
documented_historical_fact La basílica de la Inmaculada Concepción —la «capilla» pedida por la Señora— se inició en 1866, fue bendecida el 15 de agosto de 1871 y consagrada el 1 de julio de 1876; neogótica, obra del arquitecto Hippolyte Durand, se alza sobre la Gruta. [2][4]
La basílica de Nuestra Señora del Rosario fue bendecida el 7 de agosto de 1889 y consagrada el 6 de octubre de 1901. Románico-bizantina, obra de Léopold Hardy, guarda unos dos mil metros cuadrados de mosaicos; los misterios luminosos de su fachada se añadieron en 2008, obra del taller del padre Marko Ivan Rupnik.
documented_historical_fact La basílica de Nuestra Señora del Rosario fue bendecida el 7 de agosto de 1889 y consagrada el 6 de octubre de 1901; románico-bizantina, obra de Léopold Hardy, con unos 2.000 m² de mosaicos. Los misterios luminosos de su fachada se añadieron en 2008 (taller del padre Marko Ivan Rupnik). [4]
La basílica subterránea de San Pío X fue consagrada el 25 de marzo de 1958, en el centenario de las apariciones. Obra del arquitecto Pierre Vago con el ingeniero Eugène Freyssinet, puede acoger hasta veinte mil personas bajo la explanada del santuario.
documented_historical_fact La basílica subterránea de San Pío X fue consagrada el 25 de marzo de 1958, centenario de las apariciones; obra del arquitecto Pierre Vago con el ingeniero Eugène Freyssinet, puede acoger hasta 20.000 personas. [4]
Curaciones y milagros
El santuario distingue las curaciones comunicadas de los casos reconocidos como milagros por la Iglesia. La ficha no atribuye esa condición a un caso concreto sin su expediente.
documented_historical_fact El santuario distingue las curaciones comunicadas de aquellas reconocidas como milagros por la Iglesia. [1][3]
documented_historical_fact El proceso de constatación de las curaciones pasa por la Oficina de Constataciones Médicas del santuario. [1][3]
De los más de 7.000 casos de curación registrados desde las apariciones, la Iglesia ha reconocido oficialmente 72 como milagrosos. La primera curación es la de Catherine Latapie, el 1 de marzo de 1858; las siete primeras fueron reconocidas el 18 de enero de 1862, en el mismo mandamiento episcopal que reconoció las apariciones. En 50 de los casos la curación se produjo por contacto con el agua de Lourdes.
documented_historical_fact De los más de 7.000 casos de curación registrados en Lourdes desde las apariciones, la Iglesia ha reconocido oficialmente 72 como milagrosos. [1][3]
documented_historical_fact La primera curación reconocida es la de Catherine Latapie, el 1 de marzo de 1858; las siete primeras fueron reconocidas el 18 de enero de 1862. [1][3]
documented_historical_fact En 50 de los casos reconocidos la curación se produjo por contacto con el agua de Lourdes, principalmente en las piscinas del santuario. [1][3]
Entre los reconocimientos más recientes: sor Bernadette Moriau, curada el 11 de julio de 2008 y reconocida el 11 de febrero de 2018, y John Traynor, gravemente herido en la Primera Guerra Mundial y curado en Lourdes en 1923 durante la primera peregrinación de la diócesis de Liverpool, cuya curación fue reconocida el 8 de diciembre de 2024. El proceso de constatación pasa por la Oficina de Constataciones Médicas del santuario.
documented_historical_fact Sor Bernadette Moriau, curada el 11 de julio de 2008, vio reconocida su curación el 11 de febrero de 2018. [3]
documented_historical_fact John Traynor, gravemente herido en la Primera Guerra Mundial y curado en Lourdes en 1923 durante la primera peregrinación de la diócesis de Liverpool, vio reconocida su curación el 8 de diciembre de 2024. [3]
documented_historical_fact El proceso de constatación de las curaciones pasa por la Oficina de Constataciones Médicas del santuario. [3]
Lourdes y los enfermos
El 13 de mayo de 1992 san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra cada 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Entre sus objetivos están asegurar la mejor asistencia a los enfermos, ayudar a valorar cristianamente el sufrimiento y favorecer el voluntariado.
documented_historical_fact El 13 de mayo de 1992 san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo, a celebrar cada 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes; entre sus objetivos están la asistencia a los enfermos y el fomento del voluntariado. [7]
La acogida del que sufre pertenece al corazón de Lourdes: la carta de institución de la Jornada destaca el papel de los santuarios marianos, y de Lourdes en particular, como lugar y símbolo de esperanza y de gracia para los enfermos y quienes los acompañan.
documented_historical_fact El 13 de mayo de 1992 san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo, a celebrar cada 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes; entre sus objetivos están la asistencia a los enfermos y el fomento del voluntariado. [7]
Los Papas y Lourdes
En el centenario de las apariciones, Pío XII dedicó a Lourdes la encíclica Le pèlerinage de Lourdes (2 de julio de 1957). Juan Pablo II peregrinó al santuario el 14 y 15 de agosto de 2004, en el 150 aniversario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, y celebró la misa de la Asunción ante los fieles reunidos delante de la gruta de Massabielle.
documented_historical_fact En el centenario de las apariciones, Pío XII dedicó a Lourdes la encíclica Le pèlerinage de Lourdes (2 de julio de 1957). [6][10]
documented_historical_fact Juan Pablo II peregrinó a Lourdes el 14 y 15 de agosto de 2004, en el 150 aniversario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, y celebró la misa de la Asunción ante los fieles reunidos delante de la gruta de Massabielle. [6][10]
Benedicto XVI presidió el 13 de septiembre de 2008 la procesión con antorchas en la plaza del Rosario y celebró al día siguiente, 14 de septiembre, la misa del 150 aniversario de las apariciones en la Prairie del santuario.
documented_historical_fact Benedicto XVI celebró el 14 de septiembre de 2008 la misa del 150 aniversario de las apariciones en la Prairie del santuario. [8][9]
celebration_current La procesión con antorchas es una de las celebraciones propias del santuario; Benedicto XVI la presidió en la plaza del Rosario el 13 de septiembre de 2008. [8][9]
El santuario hoy
El santuario vive al ritmo de las peregrinaciones y de los gestos sencillos del peregrino: tocar la roca de la Gruta, beber el agua del manantial, encender una vela, unirse a las procesiones nacidas de la petición de 1858. Y cada 11 de febrero, la Jornada Mundial del Enfermo une espiritualmente a los enfermos del mundo entero con la explanada de Lourdes.
documented_historical_fact El 13 de mayo de 1992 san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo, a celebrar cada 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes; entre sus objetivos están la asistencia a los enfermos y el fomento del voluntariado. [5][7][9]
celebration_current La procesión con antorchas es una de las celebraciones propias del santuario; Benedicto XVI la presidió en la plaza del Rosario el 13 de septiembre de 2008. [5][7][9]
celebration_current Los gestos sencillos del peregrino en Lourdes: tocar la roca de la Gruta, beber el agua del manantial y encender una vela. [5][7][9]
Gruta, basílicas y santuario son entidades distintas que comparten este recinto. La alternativa textual ofrece exactamente la misma localización.
Fuentes
Esta ficha se apoya en la documentación oficial del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (el mensaje de Lourdes, las curaciones milagrosas, las tres basílicas, el peregrino) y en documentos de la Santa Sede: la encíclica de Pío XII del centenario (1957), la carta de san Juan Pablo II que instituyó la Jornada Mundial del Enfermo (1992), su homilía en Lourdes de 2004 y las celebraciones de Benedicto XVI del 150 aniversario (2008). Cada afirmación pública está vinculada internamente a su fuente.
Bibliografía y notas
- Miraculous healings. Sanctuary of Our Lady of Lourdes. Consultar fuente. Consulta: 2026-07-31.
- El mensaje de Lourdes. Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Curaciones milagrosas. Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- The 3 basilicas of Lourdes. Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Peregrino por un día. Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Homilía en la Santa Misa de la Solemnidad de la Asunción (Lourdes, 15 de agosto de 2004). Santa Sede. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Carta con la que se instituye la Jornada Mundial del Enfermo (13 de mayo de 1992). Santa Sede. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Homilía en la Santa Misa del 150 aniversario de las apariciones (Lourdes, 14 de septiembre de 2008). Santa Sede. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Palabras en la procesión con antorchas (Lourdes, 13 de septiembre de 2008). Santa Sede. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
- Le pèlerinage de Lourdes (2 de julio de 1957). Santa Sede. Consultar fuente. Consulta: 2026-08-02.
Entidades relacionadas
Relaciones estructuradas validadas del expediente. Icono, capilla, santuario y acontecimientos históricos son entidades distintas con sus propios límites documentales.
- Apariciones de Lourdes (associated_sanctuary)
- Gruta de Massabielle (part_of)
- Basílica de la Inmaculada Concepción de Lourdes (part_of)
- Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lourdes (part_of)
- Basílica de San Pío X de Lourdes (part_of)
- Oficina de Constataciones Médicas de Lourdes (part_of)
- Procesión de antorchas de Lourdes (celebrated_at)
- Jornada Mundial del Enfermo — 11 de febrero (related_celebration)
- Santa Bernardita Soubirous (associated_person)
- Santo Rosario general
El dossier en profundidad
El santuario mariano más visitado del mundo, donde la Virgen Inmaculada se apareció a Santa Bernardita Soubirous en 1858. Historia completa de las dieciocho apariciones, los milagros y el lugar de peregrinación más querido de la cristiandad.
I. Introducción: el corazón mariano de Europa
El Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, situado en la pequeña ciudad de Lourdes, en el departamento de los Altos Pirineos (Hautes-Pyrénées), al suroeste de Francia, es el centro de peregrinación mariana más importante de Europa y uno de los más visitados del mundo, con entre cinco y seis millones de peregrinos cada año. A los pies de los Pirineos, bañada por las aguas del río Gave de Pau, Lourdes se ha convertido desde 1858 en un faro de fe, esperanza y consuelo para millones de enfermos, pobres y necesitados que acuden a la gruta de Massabielle en busca de la intercesión de la Virgen María.
La historia de Lourdes comienza el 11 de febrero de 1858, cuando la Santísima Virgen se apareció en una gruta a orillas del Gave a una humilde joven de catorce años, Bernardette Soubirous, hija de una familia paupérrima. A lo largo de dieciocho apariciones, la Virgen transmitió un mensaje de oración, penitencia y conversión, y reveló su nombre con las palabras que han quedado grabadas en la memoria de la Iglesia: «Que soy era Immaculada Counceptiou» — «Yo soy la Inmaculada Concepción». Este hecho, ocurrido apenas cuatro años después de la proclamación del dogma por el Papa Pío IX, constituyó una confirmación celestial de la verdad de fe que la Iglesia había definido.
Hoy, el Domaine de la Grotte —el recinto del santuario— comprende la gruta de Massabielle, tres basílicas, una iglesia subterránea, las piscinas para el baño de los peregrinos, y un extenso conjunto de edificios y espacios al aire libre que acogen a los visitantes de todo el mundo. La devoción a Nuestra Señora de Lourdes se ha extendido por todos los continentes, y existen miles de grutas réplica en parroquias, santuarios y hogares de todo el orbe católico.
II. Las apariciones de la Virgen (1858)
Contexto histórico y geográfico
En 1858, Lourdes era una pequeña villa de unos cuatro mil habitantes, situada en el valle del Gave, en la región de Bigorra, al pie de los Pirineos. Era una población mayoritariamente campesina, de habla gascona (occitano), profundamente católica aunque marcada por la pobreza y las duras condiciones de vida. Francia vivía bajo el Segundo Imperio de Napoleón III, un período de prosperidad económica y transformación urbana, pero las zonas rurales como los Pirineos permanecían ajenas a estos cambios.
La familia Soubirous, compuesta por François, Louise y sus ocho hijos, era una de las más pobres de Lourdes. François, molinero de oficio, había perdido el molino familiar por una disputa legal y desde entonces vivía en la miseria. La familia ocupaba una sola habitación en la antigua comisaría, un local oscuro, húmedo e insalubre conocido como «le cachot» (el calabozo), que les había cedido gratuitamente una prima de la familia. Bernardette, la primogénita, era una joven de complexión débil, asmática, de estatura pequeña (apenas 1,40 metros), que no sabía leer ni escribir. Había sido instruida en la doctrina cristiana por su madre y por las Hermanas de la Caridad, pero su conocimiento del catecismo era sencillo y elemental. Precisamente esta sencillez y pureza de corazón la hicieron digna de recibir el mensaje de la Virgen.
Primera aparición: 11 de febrero de 1858
El jueves 11 de febrero de 1858, Bernardette salió de su casa en compañía de su hermana menor Toinette (de once años) y de una amiga, Jeanne Abadie, para buscar leña a las orillas del río Gave. Las tres niñas caminaron hasta el lugar conocido como Massabielle (del gascon «Massa-bielha», que significa «roca vieja»), una gruta natural formada por la erosión del río en la roca caliza, situada a unos dos kilómetros del centro de Lourdes. Era un lugar que las gentes del pueblo evitaban, utilizado como abrevadero para el ganado y conocido por ser un paraje sombrío y húmedo.
Mientras las otras dos niñas cruzaban el río por un vado, Bernardette, que dudaba por temor al agua fría debido a su asma, oyó de repente un ruido —«como una ráfaga de viento»— y al levantar la vista vio que los rosales silvestres que crecían en la boca de la gruta se movían como sacudidos por una corriente de aire. En el interior de la cavidad superior de la gruta, vio una figura de extraordinaria belleza: una Señora vestida completamente de blanco, con un cinturón azul celeste, una rosa amarilla de oro sobre cada pie, y un rosario entre sus manos. La Señora sonreía y la invitaba a acercarse con un gesto.
Bernardette, sobrecogida, se frotó los ojos, creyendo que era una ilusión. Pero la visión persistía. Sacó su rosario del bolsillo, se arrodilló e intentó santiguarse, pero no podía —el brazo le caía sin fuerza—. Entonces la Señora se santiguó, y Bernardette pudo entonces hacer la señal de la cruz. Comenzó a rezar el Rosario, y mientras lo hacía, la Señora pasaba las cuentas de su propio rosario, aunque solo movía los labios en el Gloria. Al terminar el Rosario, la Señora desapareció súbitamente.
«Era una señorita tan hermosa que, al verla, uno habría deseado morirse para seguir mirándola. Iba vestida de blanco, con un vestido blanco que le llegaba hasta los pies. Llevaba un velo blanco que le cubría la cabeza, un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie.»
— Santa Bernardita Soubirous, descripción de la primera apariciónBernardette regresó a su casa y, presionada por su hermana Toinette, contó lo ocurrido a su madre. Louise Soubirous, preocupada, le prohibió volver a la gruta.
Segunda aparición: 14 de febrero
El domingo 14 de febrero, Bernardette sintió una fuerza interior que la impulsaba a regresar a la gruta. Tras la misa, acompañada de su madre y algunas vecinas, se dirigió a Massabielle. Llevaba una botella de agua bendita, que roció hacia la gruta diciendo: «Si venís de parte de Dios, acercaos; si no, marchaos». La Señora inclinó la cabeza sonriendo, y al verla, Bernardette cayó en éxtasis. Su madre, alarmada, la sacó del lugar a la fuerza.
Tercera aparición: 18 de febrero
El jueves 18 de febrero, Bernardette regresó acompañada de una mujer piadosa, Antoinette Nicolau, y de otras personas. Llevaba una pluma, tinta y papel, por si había que escribir algo. La Señora apareció, y Bernardette, obedeciendo a una petición interior, le ofreció el papel. La Señora sonrió y le dijo en gascon: «Aquo n'ei pas necessari» («Eso no es necesario»). Luego añadió: «Me faré la grace de vous aüey tous les jours pendant quinze jours» («Tendré la bondad de verte cada día durante quince días»). Le pidió que viniera durante quince días seguidos. Bernardette prometió hacerlo, y la Señora le dijo: «Je vous promets de vous rendre heureuse, pas dans ce monde, mais dans l'autre» («Os prometo haceros feliz, no en este mundo, sino en el otro»).
La cuarta aparición y la luz del cirio: 19 de febrero
El viernes 19 de febrero, Bernardette acudió a la gruta y encendió un cirio bendecido. La Señora apareció y Bernardette permaneció en oración durante una hora. A partir de entonces, los testigos comenzaron a observar que el rostro de Bernardette se transfiguraba durante las apariciones, adquiriendo una expresión de beatitud que impresionaba a todos los presentes.
Quinta aparición: 20 de febrero
El sábado 20 de febrero, la Señora enseñó a Bernardette una oración que debía rezar cada día. También le transmitió un mensaje de penitencia: «Penitencia, penitencia, penitencia. Rezad a Dios por los pecadores. Id a besar la tierra en penitencia por los pecadores». Bernardette obedeció inmediatamente, arrodillándose y besando el suelo, gesto que repitió en apariciones sucesivas.
Sexta aparición: 21 de febrero
El domingo 21 de febrero, una multitud de curiosos —unas cien personas— se había congregado ya en Massabielle. La Señora apareció y Bernardette, en éxtasis, repitió los gestos de penitencia. Ese día, el comisario de policía de Lourdes, Dominique Jacomet, interrogó a Bernardette al salir de la gruta, intentando obtener de ella una retractación. Pero la joven se mantuvo firme y coherente en su relato.
Séptima aparición: 23 de febrero
El martes 23 de febrero, la multitud había crecido a varios cientos de personas. La Señora reveló un secreto a Bernardette —que ella nunca desvelaría— y le repitió el mensaje de penitencia. El Dr. Dozous, médico del pueblo, examinó a Bernardette durante el éxtasis y constató que no respiraba, pero que su pulso era normal. Pasó la llama de un cirio por debajo de la mano de Bernardette sin que esta retirara la mano ni mostrara señal de quemadura. El doctor quedó profundamente impresionado y se convirtió en un firme defensor de la autenticidad de las apariciones.
Octava aparición: 24 de febrero
El miércoles 24 de febrero, la Señora insistió de nuevo en el mensaje de penitencia. Bernardette repitió: «Penitencia, penitencia, penitencia. Rezad por los pecadores. Id a besar la tierra en penitencia por los pecadores». Ese día, la multitud alcanzaba ya las mil personas.
Novena aparición y el milagro del manantial: 25 de febrero
El jueves 25 de febrero, la Señora dijo a Bernardette: «Anatz a la hont, bevetz e lavatz-vos-î» («Id a la fuente, bebed y lavaos en ella»). Bernardette, que no veía ninguna fuente, interpretó que debía dirigirse al fondo de la gruta, donde el Gave formaba un pequeño charco. Comenzó a cavar la tierra con las manos. Apareció un poco de barro líquido. Lo bebió, lo usó para lavarse la cara y comió algunas hierbas, como la Virgen le había indicado. Los presentes pensaron que estaba loca: «Bernardette se ha vuelto loca», decían. Nadie comprendía el significado del gesto.
Al día siguiente, el pequeño charco que Bernardette había excavado se había convertido en un manantial de agua clara y abundante que fluía sin cesar. El 28 de febrero, el caudal era ya considerable, y las autoridades, temiendo una intoxicación, hicieron analizar el agua. El análisis químico mostró que era agua pura, sin ninguna propiedad mineral especial. Pero desde entonces, ese manantial no ha dejado de fluir, a razón de unos 100.000 litros al día, proporcionando agua a millones de peregrinos a lo largo de más de 160 años.
Décima y undécima apariciones: 26 y 27 de febrero
El viernes 26 y el sábado 27 de febrero, Bernardette continuó acudiendo a la gruta. La Virgen reiteró el mensaje de penitencia y oración. La multitud seguía creciendo: ya eran varios miles de personas las que se congregaban en Massabielle, provenientes de Lourdes y de los pueblos vecinos.
Duodécima aparición: 28 de febrero
El domingo 28 de febrero, el juez de instrucción de Lourdes, Clarens, citó a Bernardette y la interrogó largamente, tratando de encontrar contradicciones. Pero la joven respondió con una sencillez y una coherencia que desarmaron al magistrado. Ese mismo día, el alcalde de Lourdes, Anselme Lacadé, prohibió el acceso a la gruta, aunque la medida fue difícil de aplicar debido a la multitud.
Decimotercera aparición: 1 de marzo
El lunes 1 de marzo, ocurrió el primer milagro público. Catherine Latapie, una mujer de Loubajac que tenía el brazo paralizado a causa de una caída, se presentó en la gruta. Sumergió el brazo en el agua del manantial, y al momento recobró la movilidad completa. Fue el primero de los innumerables prodigios que se atribuirían a la intercesión de la Virgen de Lourdes.
Decimocuarta aparición: 2 de marzo
El martes 2 de marzo, la Señora dio a Bernardette un mensaje para los sacerdotes: «Diguez als capelans que venguen aicî en processiou e que s'i bastisse ua capèra» («Decid a los sacerdotes que vengan aquí en procesión y que se construya aquí una capilla»). Bernardette transmitió el mensaje al párroco de Lourdes, el padre Dominique Peyramale. El sacerdote, un hombre de carácter firme y prudente, le pidió una señal: que la Señora hiciera florecer el rosal silvestre de la gruta y que revelara su nombre.
Decimoquinta aparición: 3 de marzo
El miércoles 3 de marzo, Bernardette transmitió a la Virgen la petición del párroco. La Señora sonrió, pero no respondió directamente. La multitud era ya inmensa: se calcula que entre ocho y diez mil personas se habían congregado en Massabielle. El padre Peyramale, viendo la magnitud del fenómeno, se mantuvo prudente y no dio su aprobación.
Decimosexta aparición: 4 de marzo
El jueves 4 de marzo, último día de la quincena prometida, acudieron a la gruta más de veinte mil personas, según las crónicas de la época. La Señora apareció, pero no se produjo ningún signo extraordinario que satisficiera a los escépticos. Bernardette, sin embargo, estaba serena. Había cumplido su promesa.
Decimoséptima aparición: 25 de marzo
Después de un intervalo de veintiún días sin apariciones, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación del Señor, Bernardette sintió de nuevo la llamada interior y acudió a la gruta. La Señora apareció. Bernardette le preguntó cuatro veces su nombre, tal como el padre Peyramale le había indicado. Finalmente, la Señora juntó las manos, elevó la mirada al cielo y pronunció en la lengua gascona del lugar: «Que soy era Immaculada Counceptiou». Bernardette salió corriendo hacia la rectoría, repitiendo aquellas palabras que no comprendía, y al llegar se las dijo al padre Peyramale: «Yo soy la Inmaculada Concepción». El sacerdote quedó profundamente impresionado: «¡Ella ha dicho lo que yo mismo no sé!», exclamó, pues sabía que una joven analfabeta no podía conocer aquel título teológico. El dogma de la Inmaculada Concepción había sido proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, apenas cuatro años antes. La Virgen venía a confirmar la verdad definida por la Iglesia.
Decimoctava y última aparición: 16 de julio
La última aparición ocurrió el 16 de julio de 1858, fiesta de Nuestra Señora del Carmen. La gruta había sido cercada por las autoridades, y Bernardette no pudo acercarse. Se situó en la orilla opuesta del Gave, frente a la gruta, y allí, a distancia, la Virgen se le apareció por última vez, «más hermosa que nunca». Bernardette dijo que la Virgen le sonrió y la bendijo. A partir de ese día, no volvió a tener más visiones. La misión de Bernardette había terminado.
III. Santa Bernardita Soubirous
Infancia y juventud
Marie-Bernarde Soubirous, llamada familiarmente Bernardette, nació el 7 de enero de 1844 en el molino de Boly, en Lourdes, primogénita de François Soubirous y Louise Castérot. Fue bautizada el 9 de enero en la iglesia parroquial de Lourdes. Su infancia transcurrió en la pobreza, agravada por su frágil salud: padecía asma crónica, que se agravaba en invierno y le provocaba graves ataques de disnea. A los doce años había contraído el cólera, del que se recuperó milagrosamente, pero su salud quedó resentida para siempre.
La situación económica de la familia se deterioró progresivamente. François Soubirous perdió el molino de Boly, y los Soubirous se trasladaron a una vivienda cada vez más humilde. En el momento de las apariciones, vivían en el «cachot», una antigua celda de la prisión municipal de Lourdes, de apenas cuatro metros cuadrados, que les había cedido una prima. La familia de ocho personas dormía en ese reducido espacio, en condiciones de extrema pobreza e insalubridad.
Bernardette era una joven de carácter dulce, paciente y reservada. Su inteligencia natural era clara, aunque su instrucción era casi nula. No sabía leer ni escribir —aprendió ambas cosas después de las apariciones— y su conocimiento del francés era limitado, pues hablaba habitualmente el gascon. Su catecismo era sencillo, pero su fe era firme y su piedad, sincera. Los que la conocieron destacaban su honestidad, su falta de afectación y su extraordinaria humildad.
Después de las apariciones
Tras las apariciones, la vida de Bernardette cambió profundamente. Se convirtió en el centro de atención de Lourdes, de Francia y pronto del mundo. Fue sometida a innumerables interrogatorios por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas. El comisario Jacomet, el juez Clarens, el prefecto Massy y el propio emperador Napoleón III trataron de obtener de ella una retractación o al menos una contradicción, pero su testimonio se mantuvo siempre firme, coherente y sencillo.
El 17 de noviembre de 1858, el obispo de Tarbes, monseñor Bertrand-Sévère Laurence, creó una comisión de investigación para examinar los hechos. La comisión interrogó a Bernardette y a numerosos testigos. El 18 de enero de 1862, el obispo Laurence emitió un juicio oficial favorable, declarando: «Juzgamos que la Inmaculada Madre de Dios, la Santísima Virgen María, se apareció realmente a Bernardette Soubirous el 11 de febrero de 1858 y días siguientes, hasta en dieciocho ocasiones». Ese mismo año, se inició la construcción de la primera capilla sobre la gruta.
Bernardette, deseosa de escapar de la fama y la curiosidad públicas, manifestó su deseo de ingresar en la vida religiosa. En 1866, con veintidós años, dejó Lourdes para siempre y entró en el convento de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de Nevers, donde recibió el nombre de Sor María Bernarda. En el convento, desempeñó los oficios más humildes: fue enfermera, ayudante de sacristía y bordadora. Su vida religiosa estuvo marcada por la enfermedad: el asma se agravó, y a ella se sumaron la tuberculosis ósea y una grave afección en la rodilla. Pasó los últimos años de su vida postrada en la enfermería del convento, ofreciendo sus sufrimientos por la conversión de los pecadores.
Muerte y canonización
Santa Bernardita murió el 16 de abril de 1879, Miércoles Santo, a los treinta y cinco años, después de una larga y dolorosa agonía. Sus últimas palabras fueron: «Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecadora». Fue enterrada en el cementerio del convento de Nevers.
Su cuerpo fue exhumado por primera vez el 22 de septiembre de 1909, en presencia de las autoridades eclesiásticas y de varios médicos. El cadáver se hallaba perfectamente conservado, sin signos de descomposición, a pesar de haber permanecido treinta años en tierra húmeda. Una segunda exhumación el 3 de abril de 1919 confirmó el mismo fenómeno. La tercera exhumación, el 18 de abril de 1925, fue la última antes de su beatificación. El cuerpo de Santa Bernardita se conserva incorrupto hasta hoy, expuesto en una urna de cristal en la capilla del convento de Nevers, donde miles de peregrinos acuden a venerarlo.
Fue beatificada por el Papa Pío XI el 14 de junio de 1925, y canonizada por el mismo pontífice el 8 de diciembre de 1933, solemnidad de la Inmaculada Concepción. Su fiesta litúrgica se celebra el 16 de abril, aniversario de su muerte. Es patrona de las personas enfermas, de los pastores y de los que sufren persecución por su fe. Su cuerpo incorrupto, vestido con el hábito de las Hermanas de la Caridad, descansa en Nevers junto a la capilla que lleva su nombre, y su rostro sereno parece dormir un sueño de paz.
IV. El manantial milagroso
Descubrimiento y propiedades
El 25 de febrero de 1858, cuando la Virgen indicó a Bernardette que bebiera y se lavara en la fuente, no existía manantial alguno en la gruta de Massabielle. La joven cavó la tierra con las manos en un rincón húmedo de la cueva, y brotó un pequeño caudal de agua turbia. Bernardette bebió el agua barrosa y se lavó el rostro. Los presentes se escandalizaron: «Bernardette se ha vuelto loca», decían. Sin embargo, al día siguiente, el caudal había aumentado y se había vuelto claro y cristalino.
El manantial brota en la parte izquierda de la gruta, junto a la roca. Su caudal se mantiene constante en unos 100.000 litros diarios, cualquiera que sea la estación del año. El agua ha sido analizada en múltiples ocasiones por químicos y laboratorios independientes, y su composición es la de un agua de montaña ordinaria, sin propiedades minerales o radiactivas que expliquen las curaciones que se le atribuyen. Esta circunstancia ha reforzado el carácter sobrenatural de los prodigios: no es el agua misma la que cura, sino la fe y la intercesión de la Virgen.
Las curaciones milagrosas
Desde 1858, más de siete mil casos de curaciones inexplicables han sido documentados por la Oficina Médica de Lourdes. De estos, 72 habían sido reconocidos como milagrosos por la Iglesia católica hasta abril de 2025, tras un riguroso proceso de investigación médica y eclesial. El proceso es extremadamente exigente: la curación debe ser instantánea, completa, duradera y científicamente inexplicable.
La Oficina Médica y el Comité Médico Internacional
La Oficina Médica de Lourdes (Bureau des Constatations Médicales) fue creada en 1883 por el doctor Henri-Ferdinand Dunot de Sainte-Maclou, primer médico responsable del santuario. Desde entonces, funciona de manera ininterrumpida, examinando los casos de curaciones que se producen durante las peregrinaciones. La oficina está dirigida por un médico jefe y cuenta con un equipo de médicos de todas las especialidades y nacionalidades, católicos y no católicos, que examinan a los presuntos curados.
En 1954, se creó el Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), que tiene su sede en París y está compuesto por médicos de diferentes países y credos. Este comité realiza una segunda revisión de los casos que la Oficina Médica considera inexplicables. Si el CMIL confirma la inexplicabilidad médica, el caso se remite al obispo del lugar de origen del peregrino curado, quien nombra una comisión canónica para decidir si la curación puede ser declarada milagrosa. Finalmente, es el obispo quien pronuncia el reconocimiento oficial del milagro.
Algunos de los milagros más célebres
Marie-Bernarde (Bernardette) Moreau (1858, primera curación reconocida): Catherine Latapie, una mujer de Loubajac de treinta y ocho años, tenía el brazo derecho paralizado desde hacía dos años a causa de una caída. El 1 de marzo de 1858, al sumergir el brazo en el agua del manantial de la gruta, recuperó inmediatamente su movilidad completa. Fue la primera curación atribuida a la intercesión de la Virgen de Lourdes.
Louis Bouriette (1858): Un cantero de Lourdes que había perdido la visión del ojo derecho a causa de una explosión de pólvora. Su hija le llevó agua de la gruta; al lavarse el ojo, recuperó la vista instantáneamente.
Henriette Bordenave (1866): Una joven de veintisiete años que padecía una fístula lagrimal incurable. Tras bañarse en la piscina del santuario, la fístula se cerró completamente y nunca volvió a abrirse.
Gabriel Gargam (1885): Un niño de cinco años que padecía tuberculosis ganglionar cervical con fístulas supurantes. Fue llevado a la piscina por su madre y, tras la inmersión, las fístulas se cerraron y el niño quedó completamente curado.
Marie Lemarchand (1894): Una joven de diecinueve años que sufría tuberculosis pulmonar avanzada, considerada terminal. Después de bañarse en las piscinas, se curó instantáneamente. Su caso fue minuciosamente documentado por el doctor Boissarie, entonces presidente de la Oficina Médica.
Johanna Bézenac (1911): Una religiosa de veintinueve años que padecía peritonitis tuberculosa. Tras beber agua de Lourdes, quedó curada de forma repentina y completa. Fue declarada milagro en 1913.
Alexis Carrel (1903): El célebre médico y biólogo francés, futuro premio Nobel de Medicina (1912), presenció en Lourdes la curación de una joven moribunda, Marie Bailly, que padecía peritonitis tuberculosa avanzada. Carrel, que era escéptico, constató la curación repentina e inexplicable de la enferma. Aunque nunca se convirtió públicamente, este hecho marcó profundamente su vida y su pensamiento, y lo llevó a escribir sobre los límites de la ciencia para explicar ciertos fenómenos. Su testimonio aparece en la obra «El viaje a Lourdes», publicada póstumamente.
V. Las basílicas del santuario
La Cripta (1866)
La primera construcción del santuario fue la Cripta, excavada en la roca viva sobre la gruta de Massabielle. Fue bendecida el 15 de mayo de 1866, ocho años después de las apariciones. La Cripta, de estilo neogótico sencillo, alberga un altar que recuerda que la primera capilla de Lourdes fue tallada en la misma roca donde la Virgen se apareció. En ella se conserva el altar donde celebró misa el obispo Laurence durante la ceremonia de bendición. La Cripta sirve de base y cimiento para la basílica superior.
La Basílica de la Inmaculada Concepción (1871)
Conocida como la Basílica Superior, fue construida entre 1862 y 1871 sobre la roca de Massabielle, directamente encima de la Cripta. Es un edificio de estilo neogótico, de 70 metros de longitud y 70 metros de altura en su aguja central, visible desde toda la ciudad de Lourdes. Su fachada, elegantemente proporcionada, presenta tres puertas con arcos apuntados y un gran rosetón central. El interior, de una sola nave con capillas laterales, está decorado con vidrieras que representan la vida de la Virgen María y las escenas de las apariciones. La basílica fue consagrada en 1871 y tiene una capacidad para unos 550 fieles. En el exterior, un monumental viacrucis de bronce fundido, obra del artista Raffl, serpentea desde la basílica hasta la colina de Espélugues.
La Basílica de Nuestra Señora del Rosario (1901)
La creciente afluencia de peregrinos hizo necesaria una basílica de mayor capacidad. Entre 1883 y 1901 se construyó la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, situada frente a la gruta, en la explanada del santuario. Es de estilo neobizantino, con una imponente cúpula central de 51 metros de altura y una fachada decorada con mosaicos dorados que recuerdan a la basílica de San Marcos de Venecia. El interior, de planta ovalada, está rodeado por quince capillas laterales dedicadas a los misterios del Rosario, cada una de las cuales alberga un mosaico que representa el misterio correspondiente. La basílica puede albergar hasta 1.500 fieles. La gran cúpula está decorada con mosaicos que representan la coronación de la Virgen María y la procesión de los santos. La fachada principal, con dos torres campanario, se abre a la gran explanada del Rosario, donde se celebran las grandes concentraciones de peregrinos.
La Basílica Subterránea de San Pío X (1958)
Para el centenario de las apariciones, se construyó la Basílica de San Pío X, también llamada la Basílica Subterránea, un templo de hormigón prefabricado diseñado por el arquitecto Pierre Vago. Fue inaugurada el 25 de marzo de 1958 por el cardenal Angelo Roncalli, futuro Papa San Juan XXIII. Con una capacidad de 25.000 personas, fue la iglesia más grande del mundo en el momento de su construcción, y sigue siendo una de las mayores. Su diseño moderno y sobrio, sin columnas interiores, permite una visión despejada del altar desde cualquier punto. Está construida bajo tierra, parcialmente excavada en la colina, para no alterar el paisaje del santuario. Su forma elíptica, de 201 metros de longitud y 81 metros de anchura, recuerda a una nave invertida.
VI. El santuario en la actualidad
El Domaine de la Grotte
El Domaine de la Grotte (Dominio de la Gruta) es el recinto del santuario, un extenso espacio de unas 52 hectáreas a orillas del río Gave de Pau, que comprende la gruta de Massabielle, las basílicas, las piscinas, la explanada del Rosario, el hospital de peregrinos, las capillas de la Luz y de la Adoración, y diversos edificios de acogida. El acceso al santuario es gratuito y está abierto durante todo el año, las veinticuatro horas del día. El ambiente del Domaine es de profundo recogimiento: el murmullo del río, el canto de los peregrinos, el resplandor de las velas y el suave aroma del incienso crean una atmósfera de paz que impresiona incluso a los visitantes no creyentes.
La gruta de Massabielle
La gruta de Massabielle es el corazón espiritual del santuario. Es una cueva natural de unos doce metros de profundidad, formada por la erosión del río Gave en la roca caliza. La gruta tiene tres cavidades: la más grande, donde se encuentra la estatua de la Virgen; una cavidad lateral izquierda donde brota el manantial; y una tercera cavidad lateral donde se encienden las velas de los peregrinos. La estatua de la Virgen, colocada en la hornacina donde apareció la Señora, fue esculpida en 1864 por el artista Joseph-Hugues Fabisch, según las indicaciones de Bernardette. La estatua representa a la Virgen tal como Bernardette la describió: vestida de blanco, con un cinturón azul, una rosa de oro en cada pie y un rosario entre las manos. Miles de peregrinos acuden cada día a la gruta para rezar, tocar la roca, encender velas y depositar sus intenciones. El ambiente en la gruta es de una densidad espiritual difícil de describir: el rumor del río, las oraciones murmuradas en decenas de lenguas, el destello de las velas, el roce de las manos sobre la piedra desgastada por siglos de devoción.
Las piscinas (bains)
Las piscinas de Lourdes son unas instalaciones situadas a los pies de la gruta, junto al manantial, donde los peregrinos pueden sumergirse en el agua de la fuente como acto de fe y de petición de curación. Las piscinas actuales fueron construidas en 1955 y constan de diecisiete baños individuales (doce para mujeres y cinco para hombres), cada uno con capacidad para tres o cuatro personas. Los peregrinos, vestidos con una túnica blanca, se sumergen brevemente en el agua mientras rezan y encomiendan sus intenciones a la Virgen. La inmersión en las piscinas es uno de los momentos más emotivos de la peregrinación a Lourdes, un acto de humildad y de fe que realizan cada año cientos de miles de personas, tanto enfermos como peregrinos sanos.
La procesión de antorchas
Cada tarde, al caer el sol, tiene lugar la procesión mariana de antorchas, uno de los actos más emblemáticos y conmovedores del santuario. Miles de peregrinos, portando velas encendidas, recorren la explanada del Rosario y el recinto del Domaine rezando el Rosario y cantando el «Ave María de Lourdes». La procesión comienza con la bendición de las velas en la gruta y culmina con la bendición del Santísimo Sacramento ante la basílica. La imagen de la explanada iluminada por millares de velas, con los cánticos que suben al cielo en una veintena de lenguas, es una de las experiencias más inolvidables para cualquier peregrino.
La bendición de los enfermos
La bendición de los enfermos es el acto central de la peregrinación a Lourdes. Tiene lugar cada tarde, al final de la procesión eucarística, y constituye el momento culminante de la jornada. Los enfermos, congregados en la explanada del Rosario en sillas de ruedas y camillas, reciben la bendición con el Santísimo Sacramento. Millares de peregrinos rezan por ellos, y el silencio se hace absoluto en el momento de la bendición. Es un acto de una profunda carga espiritual, donde la fe de la Iglesia se manifiesta de manera visible y conmovedora: los enfermos son los protagonistas, los privilegiados, los que reciben la atención y el amor de todos.
La Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes
La atención a los enfermos en Lourdes es posible gracias a la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes, una organización fundada en 1880 por el padre François Picard, capellán del santuario. Está integrada por miles de voluntarios —hombres y mujeres de todas las edades y procedencias— que dedican su tiempo y su esfuerzo a acompañar, cuidar y servir a los peregrinos enfermos. Los hospitalarios y hospitalarias se distinguen por su uniforme: brazalete azul y blanco, y una medalla de la Virgen. Su labor desinteresada y alegre es uno de los testimonios más elocuentes del espíritu de Lourdes: la caridad vivida en su forma más concreta y entrañable.
VII. Los milagros aprobados por la Iglesia
El proceso de reconocimiento
El reconocimiento de un milagro en Lourdes sigue un procedimiento riguroso y extremadamente exigente, considerado el más estricto del mundo en materia de curaciones extraordinarias. El proceso consta de varias fases:
En primer lugar, la persona que afirma haber sido curada debe presentarse ante la Oficina Médica de Lourdes, donde un equipo de médicos de diferentes especialidades examina su historial clínico, los diagnósticos previos y su estado de salud actual. La oficina está abierta a médicos de cualquier credo, incluidos los no católicos. Si la mayoría de los médicos considera que la curación no tiene explicación científica, el caso se declara «médicamente inexplicable».
El caso se remite entonces al Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), compuesto por unos treinta médicos de diferentes países y especialidades, que realiza una segunda investigación. Si el CMIL confirma la inexplicabilidad médica, el caso pasa a la autoridad eclesiástica: el obispo del lugar de origen del curado nombra una comisión canónica que estudia el caso desde la perspectiva teológica. Finalmente, el obispo emite un decreto reconociendo el carácter milagroso de la curación. Hasta abril de 2025, 72 curaciones habían culminado en un reconocimiento episcopal como milagrosas.
Las curaciones reconocidas como milagrosas
La lista oficial de milagros reconocidos por la Iglesia abarca desde 1858 hasta nuestros días. Algunos de los más representativos, además de los ya mencionados, incluyen:
Marie Savoie (1894): Una joven de diecinueve años que padecía tuberculosis pulmonar y laríngea avanzada, que le había dejado la voz completamente perdida. Tras la inmersión en las piscinas, recuperó la voz y quedó curada de todas sus dolencias. El milagro fue reconocido en 1898.
Serge Perrin (1970): Un ciudadano francés que padecía síndrome de Foix-Alajouanine, una grave enfermedad neurológica que le había producido parálisis parcial, ceguera y trastornos sensoriales. Tras viajar a Lourdes en peregrinación, experimentó una curación repentina y completa. El milagro fue reconocido en 1978.
Delizia Cirolli (1976): Una niña italiana de doce años que padecía sarcoma de Ewing en la rodilla derecha, un cáncer óseo maligno con metástasis. Los médicos le habían propuesto amputar la pierna para salvarle la vida. Al regresar de una peregrinación a Lourdes, los médicos constataron la desaparición completa del tumor. El milagro fue reconocido en 1982.
Jean-Pierre Bély (1987): Un francés de treinta y un años que padecía esclerosis múltiple en fase avanzada, postrado en una silla de ruedas. Tras sumergirse en las piscinas de Lourdes, experimentó una mejoría inmediata y progresiva, hasta recuperar completamente la movilidad. El milagro fue reconocido en 1999.
Anna Santaniello (1952): Una mujer italiana de cuarenta y un años que padecía una cardiopatía reumática grave, considerada irreversible. Tras beber agua de Lourdes, quedó completamente curada. El milagro fue reconocido en 1964.
VIII. Peregrinos ilustres y visitas papales
Los Papas en Lourdes
Lourdes ha recibido la visita de varios Pontífices, que han querido demostrar con su presencia la importancia del santuario para la Iglesia universal.
El Papa San Pío X extendió la celebración de Nuestra Señora de Lourdes a la Iglesia universal en 1907.
El Papa Pío XII, quien siendo cardenal secretario de Estado había visitado Lourdes en 1935 como legado pontificio, proclamó en 1958 el Año Jubilar del Centenario de las Apariciones y promulgó la encíclica «Le pèlerinage de Lourdes». En su mensaje, recordó que Lourdes es «el santuario de la penitencia, de la oración y de la caridad».
El Papa San Juan Pablo II, el Pontífice más devoto de Lourdes en la historia reciente, visitó el santuario en dos ocasiones. La primera, el 15 de agosto de 1983, con motivo del Año Santo de la Redención, en una visita que marcó profundamente el santuario. La segunda, el 14 y 15 de agosto de 2004, cuando peregrinó de nuevo a Lourdes, portando la Cruz de los Enfermos, ya gravemente afectado por la enfermedad de Parkinson. Fue una visita profundamente conmovedora: el Papa, visiblemente enfermo, se postró ante la gruta y recibió la bendición con el Santísimo Sacramento junto a los demás enfermos. Fue la última gran peregrinación internacional de su pontificado, un testimonio de su devoción a la Virgen de Lourdes y de su solidaridad con los que sufren.
El Papa Benedicto XVI visitó Lourdes el 14 y 15 de septiembre de 2008, con motivo del 150 aniversario de las apariciones. Presidió la procesión de antorchas, celebró la misa en la explanada del Rosario y visitó la gruta en oración. En su discurso, recordó que «Lourdes es el lugar del amor humilde y confiado, el lugar donde todos aprendemos que el amor de Dios no tiene medida».
El Papa Francisco no ha visitado Lourdes personalmente, pero ha manifestado en repetidas ocasiones su devoción a la Virgen de Lourdes y ha enviado a sus delegados personales a las grandes celebraciones del santuario. En 2013, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, recordó que «Lourdes nos enseña que la fe no es una teoría, sino un encuentro con una Madre que nos acompaña».
Otras personalidades ilustres
Santa Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño Jesús) visitó Lourdes con su padre en 1887, durante la peregrinación nacional francesa. Tenía entonces catorce años y su experiencia en Lourdes fue espiritual e intensa, aunque ella misma confesaría más tarde que esperaba un milagro de curación para su padre y no se produjo. Su paso por Lourdes, sin embargo, fue un momento importante en su camino de santidad.
Santa Teresa de Calcuta (Madre Teresa) visitó Lourdes en varias ocasiones. Su devoción a la Virgen de Lourdes era bien conocida, y solía referirse a Lourdes como «el santuario donde el amor de Dios se hace visible en el rostro de los pobres y los enfermos». En 1993, durante su última visita, se arrodilló largo rato ante la gruta, sumida en profunda oración.
El emperador Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo mostraron interés por las apariciones desde el principio. La emperatriz, española de origen y profundamente católica, fue una firme defensora de Bernardette y de la causa del santuario. Gracias a su influencia, el emperador autorizó la compra de los terrenos de Massabielle por parte del obispo de Tarbes en 1861, y la construcción del santuario pudo comenzar sin trabas administrativas.
IX. Prácticas devocionales
El agua de Lourdes
El agua del manantial de Massabielle es el signo más visible y popular de la devoción a la Virgen de Lourdes. Desde 1858, los peregrinos beben el agua, se lavan con ella, la llevan a sus hogares y la distribuyen entre los enfermos. El agua de Lourdes no tiene propiedades medicinales especiales —los análisis químicos lo han demostrado repetidamente— pero para los creyentes es un sacramental, un signo visible de la gracia invisible de Dios. Millones de botellas y recipientes de agua de Lourdes se distribuyen cada año en todo el mundo. Los peregrinos suelen llevarla como recuerdo y como objeto de devoción, para utilizarla en momentos de enfermedad o de necesidad espiritual. El santuario dispone de grifos públicos donde los peregrinos pueden llenar gratuitamente sus recipientes.
La procesión eucarística
Todas las tardes, a las 17:00 horas, tiene lugar la procesión del Santísimo Sacramento por la explanada del Rosario. Es el acto central de la jornada en Lourdes. El Santísimo Sacramento, portado por un sacerdote bajo un palio, recorre lentamente la explanada entre cánticos y oraciones, mientras los peregrinos se arrodillan a su paso. La procesión culmina con la bendición de los enfermos, el momento más emotivo del día. El silencio absoluto que se hace durante la bendición, roto solo por el viento y el rumor del río, tiene una densidad espiritual que conmueve a creyentes y no creyentes por igual.
El Viacrucis de Espélugues
El Viacrucis monumental de Lourdes fue inaugurado en 1912 y serpentea por la colina de Espélugues, al este del santuario. Consta de catorce estaciones representadas en grupos escultóricos de bronce fundido, obra del escultor Raffl, que muestran las escenas de la Pasión según la tradición clásica. El recorrido, de aproximadamente 1,5 kilómetros, asciende por la colina entre árboles y ofrece vistas panorámicas del santuario y de la ciudad de Lourdes. Muchos peregrinos recorren el Viacrucis rezando en silencio, en un ambiente de recogimiento que contrasta con el bullicio de la explanada. Es una de las prácticas devocionales más arraigadas del santuario, especialmente durante la Cuaresma y la Semana Santa.
El Rosario
La Virgen de Lourdes se apareció con un rosario en sus manos, y la oración del Rosario está en el centro de la espiritualidad del santuario. Durante las apariciones, Bernardette rezaba el Rosario mientras la Virgen pasaba las cuentas del suyo, uniendo sus labios solo en el Gloria. Desde entonces, el Rosario es la oración por excelencia de los peregrinos de Lourdes. Se reza en la gruta, en las basílicas, en la explanada, en las procesiones. El santuario cuenta con la Basílica del Rosario, cuyas quince capillas laterales están dedicadas a los misterios. Cada día, el Rosario se reza en múltiples lenguas, y la participación de los peregrinos es masiva y fervorosa.
X. Impacto cultural y expansión mundial
Las grutas réplica de Lourdes en el mundo
La devoción a Nuestra Señora de Lourdes se ha extendido por todos los continentes, y existen miles de grutas réplica de Massabielle en parroquias, santuarios, conventos y hogares de todo el mundo. Se calcula que hay más de dos mil réplicas solo en Francia, y varias decenas de miles en todo el orbe católico. Muchas de ellas son reproducciones fieles de la gruta original, con la estatua de la Virgen en la misma posición, el manantial y las velas. Entre las réplicas más famosas se encuentran la Gruta de Lourdes en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Bombay (India), la Gruta de Lourdes en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles en Los Ángeles (Estados Unidos), y la Gruta de Lourdes en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de San Leopoldo (Brasil). En España, existen numerosas réplicas, como la del Real Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Madrid, la del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Torreciudad (Huesca), y la de la Basílica de la Merced en Barcelona.
El himno «Ave María de Lourdes»
El himno más conocido del santuario es el «Ave María de Lourdes», también conocido como «La oración de Lourdes». Sus estrofas se desarrollaron en el contexto de las peregrinaciones modernas a Lourdes; no deben atribuirse a san Bernardo de Claraval. La melodía, sencilla y profundamente conmovedora, es cantada por los peregrinos en la procesión de antorchas y en todos los actos del santuario. La versión más conocida dice: «Ave, ave, ave María. Ave, ave, ave María». La canción se ha convertido en un símbolo universal de la devoción mariana, reconocible incluso por quienes nunca han visitado Lourdes.
El cine y la literatura sobre Bernardette
La historia de Bernardette Soubirous ha sido llevada al cine y a la literatura en numerosas ocasiones. La película más famosa es «La canción de Bernardette» («The Song of Bernadette», 1943), dirigida por Henry King e interpretada por Jennifer Jones, quien ganó el Oscar a la mejor actriz por su interpretación de Bernardette. La película, basada en la novela homónima de Franz Werfel (1941), es un clásico del cine religioso y fue galardonada con cuatro premios Oscar. Werfel, escritor judío austriaco exiliado, escribió la novela como cumplimiento de una promesa que hizo a la Virgen de Lourdes cuando se salvó de la persecución nazi.
Otras películas destacadas incluyen «Bernadette» (1988), una producción francesa dirigida por Jean Delannoy, protagonizada por Sydney Penny, que narra con fidelidad la vida de la santa; y «Lourdes» (2009), una película de la directora austriaca Jessica Hausner, que aborda el fenómeno de las peregrinaciones desde una perspectiva contemporánea. También se han producido numerosos documentales y series de televisión sobre las apariciones, los milagros y la vida del santuario.
Lourdes en la cultura popular
Lourdes ha trascendido el ámbito estrictamente religioso para convertirse en un fenómeno cultural universal. El nombre de Lourdes es conocido en todo el mundo, incluso por quienes no son católicos, como sinónimo de peregrinación, de fe popular y de búsqueda de curación. La imagen de la gruta de Massabielle, con la estatua de la Virgen en la hornacina y las miles de velas encendidas, es uno de los iconos más reconocibles del catolicismo. La palabra «Lourdes» aparece en canciones, novelas, películas y obras de arte de todo el mundo. El santuario recibe también a numerosos visitantes no católicos y no creyentes, que acuden atraídos por la belleza del lugar, la atmósfera de paz y el fenómeno humano de la peregrinación.
XI. Cronología de Lourdes
- 11 de febrero de 1858: Primera aparición de la Virgen a Bernardette Soubirous en la gruta de Massabielle.
- 25 de febrero de 1858: La Virgen indica a Bernardette que cave la tierra y descubra el manantial.
- 25 de marzo de 1858: La Virgen se identifica como «la Inmaculada Concepción».
- 16 de julio de 1858: Decimoctava y última aparición.
- 18 de enero de 1862: El obispo Laurence aprueba oficialmente las apariciones.
- 1862-1871: Construcción de la Basílica de la Inmaculada Concepción.
- 15 de mayo de 1866: Bendición de la Cripta del santuario.
- 1866: Bernardette ingresa en el convento de Nevers.
- 1871: Consagración de la Basílica de la Inmaculada Concepción.
- 16 de abril de 1879: Muerte de Santa Bernardita en Nevers.
- 1883-1901: Construcción de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario.
- 1883: Creación de la Oficina Médica de Lourdes.
- 1907: San Pío X extiende la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes a toda la Iglesia.
- 8 de diciembre de 1933: Canonización de Santa Bernardita por el Papa Pío XI.
- 1958: Construcción e inauguración de la Basílica Subterránea de San Pío X para el centenario de las apariciones.
- 15 de agosto de 1983: Primera visita del Papa San Juan Pablo II a Lourdes.
- 14-15 de agosto de 2004: Segunda peregrinación del Papa Juan Pablo II a Lourdes, ya gravemente enfermo.
- 14-15 de septiembre de 2008: Visita del Papa Benedicto XVI con motivo del 150 aniversario de las apariciones.
- 11 de febrero de 2008: Inicio del Año Jubilar del 150 aniversario de las apariciones.
- 2018: Celebración del 160 aniversario de las apariciones, con peregrinaciones extraordinarias de todo el mundo.
- 11 de febrero de 2024: Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992, conmemorada especialmente en Lourdes.
Fuentes oficiales: Santuario de Lourdes: curaciones reconocidas; procedimiento de reconocimiento; reconocimiento de las apariciones.
nXII. El mensaje de Lourdes: oración, penitencia y conversión
El mensaje que la Virgen transmitió en Lourdes es de una sencillez y una profundidad que no han perdido actualidad. La Virgen no pronunció largos discursos ni reveló grandes secretos: pidió oración, penitencia y conversión. «Penitencia, penitencia, penitencia», repitió en varias apariciones. «Rezad a Dios por los pecadores». «Id a besar la tierra en penitencia por los pecadores». También pidió la construcción de una capilla y que los fieles acudieran en procesión al lugar de las apariciones.
El mensaje de Lourdes es, esencialmente, una llamada a la conversión del corazón, a la humildad, a la oración confiada y a la solidaridad con los que sufren. Lourdes no es un lugar de espectáculo sino de encuentro: encuentro con la Virgen, encuentro con los enfermos, encuentro con uno mismo y con Dios. El santuario es, ante todo, una escuela de caridad. La atención a los enfermos, la acogida a los peregrinos, la oración comunitaria, la participación en los sacramentos —especialmente la confesión y la eucaristía— son las manifestaciones concretas de este mensaje.
El milagro permanente de Lourdes no son solo las curaciones físicas —impresionantes, pero excepcionales— sino la transformación espiritual que experimentan millones de personas que acuden al santuario. Peregrinos que llegan cargados de dudas, de sufrimientos, de desesperanza, y que parten con una paz y una alegría que no se explican por causas naturales. Desde una perspectiva devocional, muchos peregrinos interpretan esa transformación interior como un fruto espiritual de su encuentro con Dios y de su confianza en la intercesión de María.
«Os prometo haceros feliz, no en este mundo, sino en el otro.» — Palabras de la Virgen de Lourdes a Santa Bernardita, 18 de febrero de 1858.
