Sagrada Escritura
La viuda no encontró palabras para pedir; Jesús vio por sí mismo el dolor que llevaba delante.
A la puerta de Naín se encontraron dos comitivas: Jesús llegaba acompañado por sus discípulos y mucha gente; de la ciudad salía el entierro del hijo único de una viuda. Ella había perdido a su hijo y quedaba especialmente desprotegida. No pronunció una petición ni formuló una oración ante Jesús. En aquel momento solo se veía una pérdida consumada y un dolor para el que no había palabras.
Jesús la vio y se compadeció. Se acercó, tocó el féretro, llamó al joven y se lo entregó vivo a su madre. Después, la multitud reconoció que Dios había visitado a su pueblo. Este signo manifestó anticipadamente la autoridad de Cristo sobre la muerte y la ternura de su corazón. No explica por qué muere una persona ni permite prometer que toda pérdida será revertida ahora como en Naín. La luz revelada es otra: incluso cuando el sufrimiento nos deja mudos, Cristo no necesita una petición bien construida para vernos; nuestro llanto nunca le resulta indiferente.
01
Lo que parecía
Parecía que la muerte había cerrado la historia de aquella madre y que su dolor, sin palabras, pasaría inadvertido.
02
Lo que descubrimos
Después se reveló que Cristo ve y se compadece antes incluso de que el corazón herido consiga pedir ayuda.
03
Para tu vida
Cuando hoy no sepa rezar, recordaré: Jesús ve mi llanto antes de mis palabras, y puedo permanecer delante de Él tal como estoy.
Oración
Una oración para hoy
Jesús compasivo, mira a quienes no encuentran palabras en su dolor; quédate cerca y sostén su esperanza. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Lucas 7,11-17
Guardado anónimo y local: no se crea una cuenta ni se envía este dato al servidor.
