Vida de un santo
Una antigua biografía lo sitúa gravemente enfermo ante una operación que podía costarle la vida. Sobrevivió y no trató la existencia recuperada como si nada hubiera sucedido.
Juan González de Castrillo nació hacia 1430 en Sahagún, en la actual provincia de León. Fue sacerdote secular, estudió en Salamanca y desempeñó distintos cargos eclesiásticos. Su paso a la vida agustiniana no ocurrió al comienzo del ministerio, sino después de una crisis en la que su propia vida estuvo en peligro.
La diócesis de Salamanca recoge, apoyándose en una biografía antigua, que Juan enfermó gravemente y fue llevado al hospital. La operación que necesitaba podía costarle la vida. Según ese relato, prometió que, si sobrevivía, entraría en el convento de mayor observancia de Salamanca. La escena debe presentarse con su naturaleza exacta: es una tradición biográfica antigua, no una historia clínica contemporánea.
Juan sobrevivió. El dato posterior está firmemente situado por la tradición de la Orden: el 18 de junio de 1463 renunció a sus cargos y entró en el convento agustino de Salamanca. Profesó al año siguiente. No sabemos si comprendió por qué había enfermado, y no debemos afirmar que Dios necesitara ponerlo en peligro para conducirlo a aquella decisión.
Lo documentable es su respuesta. No recibió la salud y volvió sin más al aplazamiento anterior. Tomó en serio la fragilidad que había experimentado, dejó posiciones que podía conservar y cumplió la promesa de abrazar una vida religiosa más observante. Después fue predicador y trabajó de manera intensa por la reconciliación de facciones enfrentadas en Salamanca.
Murió en 1479 y fue canonizado en 1691. Su historia no invita a hacer votos temerarios ni a negociar con Dios durante una enfermedad. Tampoco significa que todo superviviente deba realizar un cambio radical. Invita a algo más universal: una vida salvada o prolongada merece ser recibida con verdad, memoria y responsabilidad.
Sobrevivir a algo no te obliga a encontrar una explicación de por qué ocurrió; sí puede obligarte a preguntarte qué vas a hacer con la vida que todavía tienes. La gratitud no consiste solo en sentir alivio. A veces toma la forma de cumplir una palabra, ordenar prioridades y dejar de posponer la decisión que ya sabías que debías afrontar.
01
Lo que parecía
Que superar el peligro permitía regresar a la vida anterior sin revisar las decisiones espirituales que seguía aplazando.
02
Lo que descubrimos
Que trató la vida recuperada como una responsabilidad: renunció a sus cargos, entró en los agustinos y cumplió la promesa transmitida por su antigua biografía.
03
Para tu vida
Si he sobrevivido a una enfermedad, accidente o crisis, no me obligaré a explicar por qué ocurrió. Sí revisaré con serenidad qué promesas, prioridades o decisiones no quiero volver a aplazar.
Oração
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Juan de Sahagún, concede gratitud y claridad a quienes han sobrevivido a una enfermedad o peligro. Ayúdalos a vivir sin culpa y a responder con verdad a las decisiones que ahora reconocen. Santa María, acompáñalos y llévalos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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