Vida de una sierva de Dios
Estaba convencida de que su Orden debía volver con mayor claridad a las fuentes del carisma. No actuó por su cuenta: estudió, dialogó, corrigió y esperó durante veintisiete años.
Mercedes de Jesús Egido Izquierdo nació en Salamanca en 1935. Ingresó en la Orden de la Inmaculada Concepción en 1953 y tomó el hábito al año siguiente. Fue abadesa durante décadas en Alcázar de San Juan y vivió su vocación marcada por el misterio de la Inmaculada y por la figura de santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden.
El Concilio Vaticano II pidió a los institutos religiosos una renovación adecuada que incluyera el regreso a sus fuentes. Mercedes entendió que las Concepcionistas necesitaban recuperar con mayor claridad la espiritualidad mariana y la forma de vida recibidas de santa Beatriz. No era un cambio superficial de costumbres: afectaba a cómo el instituto expresaba su identidad en las Constituciones.
Comenzó entonces un trabajo prolongado de estudio, oración, diálogo y redacción. Las propuestas fueron examinadas, reformuladas y presentadas a la autoridad eclesial competente. La convicción podía parecer clara para quienes la compartían, pero la aprobación no llegó en unos meses ni en pocos años. Desde el inicio de aquel proceso hasta su desenlace transcurrieron veintisiete años.
Durante esa espera, Mercedes no declaró que la lentitud la autorizaba a romper con la Orden o a implantar por su cuenta una solución irreversible. Permaneció dentro de la comunión, sostuvo la vida diaria del monasterio y aceptó que una intuición carismática debía ser también estudiada, contrastada y reconocida. Esperar no fue quedarse inmóvil: fue trabajar sin apropiarse de la última palabra.
El 8 de septiembre de 1996, la Santa Sede aprobó las modificaciones de las Constituciones solicitadas por aquellos monasterios, que permanecieron plenamente dentro de la Orden de la Inmaculada Concepción. La comunidad conserva la reacción con la que Mercedes miró el camino recorrido: daba por bien empleados los veintisiete años que había costado conseguirlo. Murió en 2004 y su causa, todavía abierta, permite llamarla sierva de Dios.
No confundas “todavía no aprobado” con “entonces tengo derecho a hacerlo por mi cuenta”. Hay esperas que nacen de la desidia, pero también hay convicciones que se purifican al estudiar, corregir, dialogar y someterse a un discernimiento más amplio. Los veintisiete años de Mercedes no fueron un vacío entre la intuición y el permiso: fueron parte de la manera eclesial de cuidar aquello que amaba.
01
Lo que parecía
Que una espera de veintisiete años podía demostrar que la renovación era imposible o justificar una actuación unilateral fuera de la Orden.
02
Lo que descubrimos
Que el trabajo paciente, corregido y sostenido en comunión desembocó en la aprobación de 1996, y que ella misma consideró bien empleados aquellos años.
03
Para tu vida
Cuando crea haber visto una reforma necesaria, no usaré mi convicción para despreciar procesos, personas o autoridad. Estudiaré, escucharé, corregiré y perseveraré sin convertir la impaciencia en criterio de verdad.
Oração
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de la sierva de Dios Mercedes de Jesús Egido, danos convicciones humildes, paciencia trabajadora y amor a la comunión. Que sepamos renovar sin romper y esperar sin abandonar. Santa María Inmaculada, enséñanos a guardar y discernir todo ante tu Hijo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una sierva de Dios. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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