Sagrada Escritura
Una madre atravesó silencio y palabras difíciles sin dejar de decir: «Señor, ayúdame».
Una mujer cananea salió al encuentro de Jesús y suplicó por su hija, atormentada por un demonio. Al principio no recibió respuesta. Los discípulos querían despedirla, y la conversación que siguió puso ante ella la prioridad de la misión de Jesús a Israel. Para aquella madre, el silencio y las palabras difíciles podían parecer rechazo precisamente cuando más necesitaba ayuda.
Ella no se marchó. Se postró, dijo «Señor, ayúdame» y respondió con humildad y audacia, sin reclamar derechos ni renunciar a su petición. Entonces Jesús alabó públicamente su gran fe y anunció que se cumpliera lo que deseaba; su hija quedó curada desde aquel momento. Después, lo que durante la súplica parecía abandono quedó iluminado por el elogio de Cristo y por la liberación recibida. El Evangelio no promete que toda petición obtenga el desenlace que imaginamos, pero sí muestra una fe capaz de permanecer en relación cuando aún no entiende la respuesta.
01
Lo que parecía
Que el silencio inicial y la dureza de la conversación significaban que Jesús no quería escuchar el dolor de aquella madre.
02
Lo que descubrimos
Que una respuesta no comprendida no equivale necesariamente a abandono: Jesús acogió su súplica y llamó grande a su fe perseverante.
03
Para tu vida
Aunque hoy no comprenda la respuesta, puedo seguir diciendo sin fingir seguridad: «Señor, ayúdame».
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, la mujer cananea — cuando la respuesta tarda. Sostén mi fe cuando no comprenda, enséñame a recibir tu luz y a responder hoy con verdad y amor. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Mateo 15,21-28
Guardado anónimo y local: no se crea una cuenta ni se envía este dato al servidor.
