Vida de un santo
El passionista neerlandés fue enviado a Inglaterra y después a Irlanda, pero nunca dominó suficientemente el inglés para ser predicador formal o dirigir misiones. Aquella limitación no decidió que careciera de algo que ofrecer.
Juan Andrés Houben nació en Munstergeleen, Países Bajos, en 1821. Interrumpió los estudios para realizar el servicio militar y allí conoció a los passionistas. Después ingresó en la congregación, recibió el nombre de Carlos de San Andrés, profesó y fue ordenado sacerdote en 1850. Dos años después lo enviaron a Inglaterra y en 1856 llegó a la nueva comunidad de Monte Argus, en las afueras de Dublín.
Había sido destinado a territorios donde debía servir en una lengua que no era la suya. La biografía publicada por la Santa Sede señala una limitación concreta: Carlos dominaba poco el inglés y por ello nunca fue predicador formal ni predicó misiones. Para un miembro de una congregación fundada precisamente con una fuerte vocación de predicación, aquello podía parecer una incapacidad situada en el centro mismo de su ministerio.
No sabemos cómo vivió interiormente cada consecuencia de aquella dificultad lingüística. Tampoco debemos llamar buena a toda carencia ni deducir que prepararse sea innecesario. Aprender idiomas, estudiar y mejorar las propias capacidades forman parte de la responsabilidad. La historia de Carlos no convierte una limitación en virtud automática ni aconseja aceptar sin más cualquier tarea para la que una persona no está preparada.
Lo documentado es que no quedó definido por aquello que no podía hacer. Se dedicó especialmente a la dirección espiritual, la confesión, la visita a enfermos y la bendición de quienes acudían a él. Los passionistas recuerdan que destacó más por ese apostolado personal que por la predicación. Personas católicas y no católicas comenzaron a buscar su consejo, su cuidado compasivo y su oración.
La afluencia llegó a ser tan grande que en 1866 sus superiores lo trasladaron temporalmente a Inglaterra para permitirle descansar. Regresó a Dublín en 1874 y permaneció allí hasta su muerte, en 1893. El pueblo lo recordaba como el padre Carlos de Monte Argus. Fue beatificado en 1988 y Benedicto XVI lo canonizó en 2007.
Tal vez una capacidad que te falta te excluya realmente de una función concreta. Reconocerlo no equivale a concluir que eres inútil ni autoriza a fingir una competencia que no tienes. Pregunta qué servicio verdadero permanece abierto. A veces no podrás dirigirte a una multitud, pero sí escuchar con atención a una persona; y esa presencia concreta puede ser precisamente el bien que hoy nadie debería considerar menor.
01
Lo que parecía
Que no dominar el inglés para la predicación lo hacía poco apto para el ministerio misionero al que había sido enviado.
02
Lo que descubrimos
Que una función concreta quedó fuera de su alcance, pero no toda la misión: el acompañamiento personal, la confesión, la visita y la escucha se convirtieron en un servicio buscado por miles de personas.
03
Para tu vida
Reconoceré con verdad las funciones para las que aún no estoy preparado, sin convertir esa limitación en una sentencia sobre todo lo que puedo ofrecer. Buscaré el servicio real que sí puedo prestar con responsabilidad.
Oração
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Carlos de Monte Argus, enséñanos a reconocer nuestras limitaciones sin despreciarnos. Danos humildad para prepararnos, verdad para no fingir y una escucha compasiva para servir a quien pongas cerca. Santa María, Madre de los que sufren, condúcenos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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