Sagrada Escritura
Tomás no estaba con los discípulos cuando Jesús se presentó la tarde de Pascua. Ocho días después permanecía con la comunidad, y el Resucitado entró de nuevo y habló directamente a su duda.
La tarde de Pascua, Tomás no estaba con los otros discípulos cuando Jesús se puso en medio de ellos. Después le anunciaron que habían visto al Señor. Él respondió que necesitaba ver la señal de los clavos, poner el dedo en ellas y la mano en el costado. Su resistencia no nació ante una idea cualquiera: sus compañeros le pedían creer que el Crucificado estaba vivo.
Ocho días después los discípulos estaban otra vez dentro y Tomás se encontraba con ellos. Las puertas permanecían cerradas. Jesús llegó, se puso en medio y ofreció la paz. El Evangelio no presenta a Tomás alejándose definitivamente de la comunidad ni a la comunidad expulsándolo por su incredulidad. Durante aquella semana difícil continuó en el lugar donde podía volver a escuchar a los testigos.
Jesús se dirigió a él con las mismas condiciones que había formulado: le invitó a acercar el dedo, mirar sus manos y llevar la mano a su costado. No conviene añadir que Tomás llegó a tocar, porque Juan no lo afirma. Lo que sí conserva es su respuesta inmediata y personal: reconoció a Jesús como su Señor y su Dios.
El Resucitado lo condujo de la exigencia de ver hacia la bienaventuranza de quienes creen sin haber visto. Eso no convierte la fe en credulidad sin fundamento. El Catecismo recuerda que los discípulos mismos atravesaron desconcierto y dudas ante la Resurrección. La fe de la Iglesia se apoya en su testimonio concreto y en la acción de la gracia, no en fingir que lo ocurrido era fácil de aceptar.
Jesús no ridiculizó a Tomás ni dejó la duda como destino final. Se acercó a su pregunta concreta, mostró que el Resucitado era el mismo que había sido crucificado y lo llamó a creer. Las heridas no habían desaparecido de su cuerpo glorioso; ya no eran signo de derrota, sino identidad del amor que había pasado realmente por la cruz.
También hoy una duda puede expresarse con honestidad sin convertirla en orgullo ni ocultarla por vergüenza. Ayuda permanecer en la comunidad, distinguir preguntas de heridas, escuchar el testimonio apostólico y pedir luz. Acompañar a quien duda no consiste en humillarlo ni en decir que cualquier respuesta da igual, sino en caminar con paciencia hacia un encuentro más verdadero con Cristo.
01
Lo que parecía
Que Tomás había quedado fuera de la experiencia pascual y que sus condiciones hacían imposible compartir la fe de los demás.
02
Lo que descubrimos
Que permaneció con la comunidad y Jesús volvió a ponerse en medio, acogió su pregunta concreta y lo condujo a confesarlo como Señor y Dios.
03
Para tu vida
Escribe con precisión una duda que estés ocultando. Compártela con una persona formada y creyente, vuelve al Evangelio y permanece en la comunidad mientras buscas una respuesta verdadera.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús resucitado, entra también en nuestras puertas cerradas. Recibe nuestras dudas sin dejarnos instalados en ellas, muéstranos la verdad de tus llagas y llévanos a confesarte como Señor y Dios. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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