San Francisco de Borja — Sintió una nueva llamada, pero primero tenía que seguir siendo padre

Francisco de Borja trabaja con documentos familiares junto a sus hijos mientras un hábito jesuita permanece preparado al fondo.
Representación artística original creada para esta meditación.

Vida de un santo

Viudo y padre de ocho hijos, reconoció una llamada a la Compañía de Jesús. San Ignacio lo acogió, pero le pidió discreción mientras atendía a sus hijos y ordenaba sus responsabilidades.

Francisco de Borja nació en Gandía en 1510. Se casó con Leonor de Castro y fue padre de ocho hijos. Ejerció responsabilidades políticas como duque de Gandía y atendió el gobierno de sus estados. Cuando Leonor murió en 1546, Francisco era viudo, padre y cabeza de una casa de la que dependían muchas personas.

Después de aquella pérdida decidió entregar el resto de su vida a Dios dentro de la Compañía de Jesús. Comunicó su deseo a san Ignacio de Loyola, que lo aceptó. Pero Ignacio no le pidió que abandonara todo inmediatamente. Le aconsejó mantener en secreto su incorporación mientras completaba los estudios de teología y arreglaba los asuntos de sus hijos.

Francisco pronunció privadamente sus votos jesuitas el 1 de febrero de 1548. Durante un tiempo siguió apareciendo ante los demás como duque y padre de familia. Esa demora no negaba la nueva llamada. Formaba parte de ella: una vocación futura no hacía irrelevantes las obligaciones que ya había contraído ni convertía a sus hijos en un obstáculo del que pudiera desentenderse.

En 1550 obtuvo el grado en teología. Después renunció al ducado en favor de su hijo Carlos y pudo hacer pública su pertenencia a la Compañía. Fue ordenado sacerdote en 1551 y más adelante se convirtió en el tercer superior general de los jesuitas. La nueva etapa comenzó sin borrar ni despreciar la anterior como esposo, padre y gobernante.

La historia exige una precisión: no presenta la viudez ni la paternidad como simples escalones hacia una vocación religiosa supuestamente superior. Francisco fue llamado a una nueva forma de servicio después de la muerte de su esposa, y pudo responder justamente porque tomó en serio el bien concreto de quienes seguían dependiendo de él.

Una llamada de Dios no te dispensa automáticamente de las responsabilidades que ya has contraído con otras personas. A veces obedecer la nueva llamada significa, durante un tiempo, no marcharte todavía. Preparar una salida, cuidar a los hijos, cumplir una palabra o dejar una tarea en condiciones no es retrasar la fidelidad: puede ser su primera forma.

01

Lo que parecía

Que reconocer con claridad una nueva vocación podía justificar dejar inmediatamente el ducado y las responsabilidades familiares pendientes.

02

Lo que descubrimos

Que san Ignacio le pidió esperar en secreto mientras atendía a sus hijos, estudiaba y ordenaba los asuntos de quienes dependían de él.

03

Para tu vida

No usaré una llamada futura para volver invisibles a quienes dependen hoy de mí. Discerniré tiempos, prepararé las transiciones y cumpliré mis responsabilidades presentes como parte de la misma fidelidad.

Oração

Una oración para hoy

Señor Jesús, por intercesión de san Francisco de Borja, da claridad a quienes reconocen una nueva llamada. Enséñales a responder sin abandonar a quienes dependen de ellos y a ordenar cada transición con justicia y amor. Santa María y san José, custodios de la familia, conducidlos a Cristo. Amén.

Origen y referencias

Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.

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